València lleva años acostumbrada al ruido de las obras. Grúas, excavadoras, vallados que cierran aceras y promesas de espacios renovados: la imagen de una ciudad en transformación permanente se ha convertido casi en paisaje habitual. Pero a medida que el calendario avanza hacia las elecciones municipales de 2027, emerge una paradoja incómoda: cuanto más ambicioso es el proyecto, menos probable parece que llegue a inaugurarse en este mandato.
Un mandato marcado por la herencia y los retrasos
María José Catalá llegó al Ayuntamiento de València en 2023 con una agenda ambiciosa, pero también con una bandeja de entrada llena. Varios de los grandes proyectos que hoy se presentan como propios habían sido iniciados por el anterior ejecutivo. En algunos casos, la nueva alcaldesa optó por reformularlos desde el principio, una decisión legítima aunque cara en tiempo.
Los plazos de la contratación pública no perdonan. Redacción del proyecto, licitación, adjudicación, ejecución: cada paso consume meses, y cuando se encadenan varios, el margen para inaugurar antes de unas elecciones se estrecha hasta casi desaparecer.
A ese proceso ya de por sí lento se sumaron dos factores externos. La DANA de finales de 2024 interrumpió reuniones sectoriales y retrasó procesos de diseño en varios proyectos. El calendario fallero, por su parte, impone cada marzo una restricción física sobre el centro de la ciudad que condiciona cualquier inicio de obras en esa zona.
Las plazas del centro: entre promesas y excavadoras pendientes
La Plaza del Ayuntamiento es el símbolo más visible de este problema. Catalá paralizó la tramitación heredada para repensar el diseño, y el resultado es que la adjudicación del proyecto básico no se firmó hasta mayo de 2025. Ese proyecto básico se presentó en diciembre, pero el de ejecución definitivo seguía en consulta con los servicios municipales. Con el calendario fallero bloqueando marzo, las obras difícilmente arrancarán antes de mayo de 2027.
La Plaza de San Agustín sigue un camino parecido. El proyecto se adjudicó en octubre de 2024, pero el equipo redactor solicitó una ampliación de plazos por el impacto de la DANA. La previsión actual es que las máquinas entren en otoño de 2026. Con un plazo de ejecución de ocho meses, la finalización queda después de las elecciones.
La excepción es la calle Colón. Las obras, adjudicadas a finales de mayo a Pavasal por dos millones de euros, tienen un plazo de cinco meses orientado a dejar el eje comercial despejado antes de la campaña de Navidad de 2026. Es la única intervención del llamado «Plan Valentia» que el mandato actual podrá completar.
El Jardín del Turia y la fachada marítima: una promesa que se alarga
La renaturalización de Pérez Galdós-Giorgeta es, por volumen e inversión, la obra más grande que el consistorio tiene en marcha. Con casi 24 millones adjudicados a la UTE Pavasal-Grupo Bertolín, el proyecto encara su recta final con el objetivo de completarse a finales de 2026. Será, previsiblemente, el principal legado urbano del mandato.
El Parque de Desembocadura es otra historia. Esta gran zona verde de 104.264 m² en el extremo este del Jardín del Turia supone una inversión global de 18,3 millones, mayoritariamente financiados por la Autoridad Portuaria. El proyecto se adjudicó hace tiempo, pero las modificaciones exigidas por el puerto han retrasado su redacción de forma continua. A finales de febrero, Catalá afirmó que esperaban tenerlo listo «en pocas semanas». Semanas después, seguía sin aprobarse.
Catalá ha declarado en varias ocasiones que quiere ser recordada como la alcaldesa que culminó el Jardín del Turia. Los plazos actuales hacen inviable ese logro en esta legislatura.
Cultura aplazada: museos, monumentos y espacios sin inaugurar
En el plano cultural, dos proyectos con sello propio de este gobierno apuntan directamente al próximo mandato, y un tercero enfrenta obstáculos distintos. El Espai Manolo Valdés en el Parque Central acaba de adjudicar la redacción del proyecto: con ese punto de partida, su apertura antes de las elecciones resulta prácticamente imposible.
El Museo Sorolla en el Palau de les Comunicacions sufrió una paralización por recurso contractual. La adjudicación del proyecto llegó en marzo de 2025 y, sumando los plazos de redacción, licitación y ejecución, la apertura queda claramente fuera del horizonte electoral. Como solución provisional, el presidente de la Generalitat y la propia alcaldesa anunciaron que se habilitará espacio en el Museo de la Ciudad para exponer obras de la Hispanic Society antes de 2027.
El monumento a Sorolla en la playa del Cabanyal enfrenta otro obstáculo. Costas rechazó las tres propuestas presentadas en mayo de 2025 para ubicarlo en la arena, el paseo o una parcela cercana. El Ayuntamiento ha optado por recurrir la decisión en lugar de buscar una alternativa más ágil.
Proyectos estratégicos: el Palau de la Música, los Docks y el Centro del Cómic
Las obras del Palau de la Música ilustran bien la distancia entre los anuncios y la realidad. La intervención en el hall del edificio anexo estaba prevista para dos meses y ya acumula nueve. No hay ninguna actuación de la segunda fase licitada, y los plazos, cifras y promesas iniciales se han ido ajustando a la baja.
El Centro del Cómic fue adjudicado en mayo de 2025, pero no concluirá hasta la segunda mitad de 2027, ya con el nuevo mandato en marcha. Los Docks, en La Marina, siguen esperando un concurso público que no se ha lanzado: el informe de protección patrimonial está disponible desde febrero de 2025, pero el proceso no avanza. Dado el estado de deterioro del inmueble y la envergadura de la rehabilitación necesaria, cualquier reapertura en este mandato parece descartada.
Hay dos excepciones posibles. La Casa dels Bous y la Casa del Relojero tienen las obras terminadas y, si la tramitación se acelera, ambos espacios podrían inaugurarse antes de las elecciones como Museo de la Mar y Centro de Interpretación del Santo Cáliz.
Lo que viene a continuación es conocido: una campaña electoral en la que el estado de estos proyectos será argumento de debate. La pregunta no es si quedarán pendientes, sino cuántos habrán avanzado lo suficiente como para que el siguiente gobierno los herede en fase de ejecución y no de promesa.
