En las profundidades del Pacífico ecuatorial, la temperatura del agua lleva semanas subiendo en silencio. No es una anomalía pasajera: la NOAA, el principal organismo de vigilancia climática de Estados Unidos, acaba de confirmar oficialmente que El Niño ha comenzado.
Pero esta vez el fenómeno no llega solo. Regresa en un momento en que el clima global ya opera fuera de sus parámetros históricos, lo que podría convertir este ciclo natural en algo cualitativamente distinto a todo lo que hemos visto antes.
Un ciclo natural que ya no es lo que era
Desde hace milenios, el planeta oscila entre dos estados opuestos en el Pacífico ecuatorial. Cuando el agua se calienta por encima de lo normal, llega El Niño; cuando se enfría, aparece La Niña. Estos ciclos han moldeado sequías, inundaciones y cosechas durante siglos, mucho antes de que existiera ningún termómetro para medirlos. Era una oscilación predecible, casi rítmica.
El cambio climático ha roto ese ritmo. En los años de La Niña ya no se registra una bajada real de temperaturas: en el mejor de los casos, el calentamiento global se frena unas décimas. En los de El Niño, el fenómeno se suma al calentamiento acumulado y produce aumentos aún más marcados. El resultado es que cada nuevo ciclo opera sobre una base más caliente que el anterior, amplificando sus efectos de forma sistemática. Este es el contexto que convierte al episodio actual en algo cualitativamente distinto a los del pasado.
La NOAA lo confirma: El Niño ha llegado oficialmente
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha confirmado el inicio oficial del fenómeno. Cuatro señales lo avalan de forma simultánea: la temperatura del mar supera el promedio, se detecta una anomalía en los vientos regionales, los índices de convección están por encima de lo normal para esta época del año, y los modelos apuntan a que el fenómeno seguirá ganando fuerza al menos hasta el próximo otoño.
Las probabilidades no son tranquilizadoras. Existe un 63% de posibilidades de que alcance la categoría de intensidad «muy fuerte». Si esa previsión se confirma, los científicos advierten que estaríamos ante un «Súperniño» con capacidad para intensificar el calentamiento global a escala planetaria. La ONU ya lo describió como el equivalente a «echar leña al fuego en un mundo ya ardiendo».
El precedente de 2024: 151 desastres y el récord de temperatura planetaria
Para entender lo que podría venir, los expertos miran al año más reciente en que se registró un fenómeno de intensidad comparable: 2024. Ese año se contabilizaron 151 desastres naturales calificados de «sin precedentes» por la comunidad científica, y se batió el récord de temperatura más alta a escala planetaria desde que existen registros instrumentales.
No fue una coincidencia. Fue, en parte, el resultado de combinar el calentamiento de fondo con la energía adicional que aportó El Niño. Tanto la Organización Meteorológica Mundial (OMM) como la ONU utilizan ese año como referencia directa para advertir sobre lo que podría ocurrir si el episodio actual alcanza una intensidad similar o superior.
Impactos regionales: sequías, inundaciones y olas de calor
Los efectos de El Niño no se distribuyen de forma uniforme. En el sur de Sudamérica, el Cuerno de África y Asia central, el fenómeno suele asociarse con lluvias torrenciales e inundaciones. En Centroamérica, Australia, Indonesia y partes del sur de Asia predominan, en cambio, las condiciones de sequía.
En España y Europa los efectos son menos definidos. Según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), en episodios muy fuertes el fenómeno puede favorecer otoños o inicios de invierno más lluviosos de lo normal, aunque más allá de eso la incertidumbre es alta. Lo que sí resulta claro es el papel del Mediterráneo: en un contexto de temperaturas globales elevadas, esta región se convierte en un foco de calor más intenso, con mayor riesgo de incendios y fenómenos extremos. Un océano y una atmósfera más cálidos aumentan la energía disponible para todo tipo de extremos meteorológicos.
La respuesta que piden los expertos: adaptación y acción climática
El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, calificó estas previsiones de «advertencia climática» y reclamó una respuesta proporcional a la magnitud del problema: acabar con la dependencia de los combustibles fósiles, acelerar la transición a las renovables y reforzar los sistemas de alerta temprana.
Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, subrayó que se están recopilando datos para ayudar a gobiernos y agencias humanitarias a anticiparse a los impactos y reducir las pérdidas. Su mensaje fue directo: «Esto no tiene por qué ser una llamada al desastre. Si se toman medidas, aún estamos a tiempo de evitar los daños más graves.» Lo que ocurra en los próximos meses dependerá tanto de la evolución del fenómeno como de la velocidad con que se actúe, y de las decisiones políticas sobre el clima que se tomen en los próximos trimestres.
