El lugar más importante de Europa en la transición hacia la aviación sostenible huele a aceite de cocina usado. Ese aroma inesperado flota entre las tuberías verdes de la planta que Neste tiene en Maasvlakte, en el corazón del mayor puerto del continente.
Es un escenario que contrasta con el momento actual: mientras Shell, BP y otras grandes petroleras retroceden en sus compromisos renovables y regresan al petróleo y el gas, la multinacional finlandesa ha decidido ir en dirección contraria. Y lo hace con una apuesta de 2.500 millones de euros.
El momento más incómodo para apostar por lo verde
El contexto no podría ser más adverso. Shell, BP y otras grandes petroleras han retirado sus compromisos climáticos y vuelven a lo que mejor conocen: el petróleo y el gas convencionales. Un exejecutivo de BP, ahora portavoz de Neste, lo explica sin rodeos: «El petróleo y el gas tradicionales ofrecen rentabilidades probadas del 20% o más. Las compañías europeas han perdido terreno en bolsa frente a gigantes americanos como Exxon y Chevron, y ahora pivotan de nuevo a lo que saben que les funciona.»
Neste tomó su decisión estratégica de expandirse en 2022, cuando el mercado global todavía no ofrecía certezas sólidas sobre la demanda. La planta de Maasvlakte ya es la mayor biorrefinería de Europa. En 2027, aspira a ser la mayor del mundo.
De aceite de cocina usado a combustible de avión: así funciona la biorrefinería
Las materias primas llegan en barco: grasas animales y aceite de cocina usado. Una vez en puerto, se bombean a tanques donde la temperatura se mantiene estable a 60 grados Celsius. Si bajara, la materia prima se solidificaría e impediría la circulación por el sistema de tuberías.
Dentro del proceso, las moléculas largas —los triglicéridos— se rompen y reensamblan mediante química avanzada. Un paso clave es la isomerización, que reorganiza la estructura molecular para que el combustible no se congele a gran altitud ni en inviernos extremos. El catalizador que activa la transformación debe renovarse cada año, lo que obliga a detener toda la planta durante seis semanas; el equipo técnico trabaja en optimizar su duración para reducir esas paradas.
El resultado es llamativo: un líquido completamente transparente e inodoro. Apenas quince profesionales gestionan todo desde un centro de control digitalizado. La automatización es total.
Una expansión de proporciones históricas
Los números hablan por sí solos. La inversión de 2.500 millones de euros permitirá pasar de 1,4 a 2,7 millones de toneladas anuales de productos renovables, de los cuales 1,2 millones se destinarán exclusivamente a combustible de aviación sostenible, conocido por sus siglas en inglés: SAF.
En 2023, Neste producía unas 100.000 toneladas de SAF. En 2027, producirá 1,2 millones. Un aumento de 22 veces en apenas cuatro años. El control de calidad escala en la misma proporción: de 100.000 muestras analizadas al año en sus laboratorios, se pasará a 300.000, porque la precisión no se negocia cuando el producto va destinado a motores de aviones comerciales. Ya han realizado además un piloto con 60 kilogramos de hidrógeno verde, señal de hacia dónde apunta la próxima frontera tecnológica del proceso.
Lo que el SAF realmente reduce (y lo que no)
Existe un malentendido extendido: quemar SAF no es neutro en carbono. Al salir del motor, genera CO₂ igual que el queroseno fósil. La diferencia real está en el ciclo de vida completo —desde la recogida de materias primas hasta la producción y la logística—, donde la reducción neta de gases de efecto invernadero oscila entre el 80% y el 90%.
Hay otro efecto climático que el público suele ignorar. El impacto real de la aviación podría duplicar el 2-3% que se cita habitualmente, debido a las estelas de condensación que forman nubes cirriformes artificiales y atrapan calor. El SAF emite muchas menos partículas de hollín, lo que reduce directamente la formación de esas estelas. Una diferencia visible lo resume bien: en una refinería fósil, la antorcha de gas arde casi siempre; aquí permanece apagada la mayor parte del tiempo.
Mandatos europeos, alianzas globales y la incógnita de la demanda
La Unión Europea obliga a mezclar SAF en el 2% actual, con incrementos al 6% en 2030 y al 20% en 2035. Los directivos de Neste advierten de que esos saltos son demasiado bruscos sin pasos intermedios, lo que complica la planificación industrial.
Para asegurar la demanda, la empresa se apoya en alianzas concretas. Con DHL Group tiene comprometidos más de 800 millones de litros desde 2022; en julio de 2025, ambas firmas cerraron un acuerdo en Singapur para 9,5 millones de litros adicionales. Neste ya produce 1,5 millones de toneladas de biocombustibles, suficiente para cumplir por sí sola con los mandatos del Reino Unido y de RefuelEU.
Asia también entra en el horizonte: Singapur acaba de anunciar su primer mandato de mezcla obligatorio. La empresa invierte con un horizonte de 20 a 25 años. En ese contraste —la visión larga frente al ciclo electoral de cuatro años— quizá resida la pregunta más relevante que plantea esta historia: quién tiene razón sobre el futuro, las petroleras que regresan al pasado o la empresa que huele a aceite de cocina y apuesta por el cielo.
