Irán llegó a Los Ángeles con lo justo: 24 horas de permiso, la concentración en México y la orden de abandonar el país en cuanto terminara el partido. Bélgica, en cambio, llegó con Courtois, De Bruyne, Lukaku y el cartel de favorita del grupo G.
El marcador final —0-0— no refleja nada de eso. Pero sí confirma que algo ocurrió sobre ese césped que trasciende con claridad el plano deportivo.
Un equipo que juega fuera de su propio Mundial
Antes de hablar de fútbol, hay que hablar de logística. Irán no puede residir en territorio estadounidense durante el torneo. Las tensiones geopolíticas entre Teherán y Washington impiden a sus jugadores obtener visado de entrada por la duración completa del campeonato. Por eso, la selección tiene su base en Tijuana, México, y solo cruza la frontera 24 horas antes de cada partido. Nada más terminar el encuentro, debe salir del país.
El seleccionador Amir Ghalenoei lo dijo sin rodeos en la conferencia previa: su equipo es «el equipo más oprimido del Mundial». No es una queja retórica. Es la descripción literal de una situación sin precedentes en la historia de una Copa del Mundo.
Cada partido de Irán empieza, en realidad, mucho antes del pitido inicial. Empieza en la frontera.
Bélgica domina pero choca con el muro Beiranvand
Sobre el césped, los diablos rojos hicieron lo que se esperaba: tomar el control. Desde el primer minuto, De Bruyne y Tielemans manejaron el ritmo del juego, Bélgica circuló el balón con comodidad y buscó a Lukaku con insistencia. El dominio era evidente. Los goles, no.
El hombre que frustró a Bélgica se llama Alireza Beiranvand. El portero iraní acumuló al menos siete paradas decisivas, incluyendo una intervención clave ante Tielemans en el minuto 22 y otra ante De Cuyper en el 44. Cada vez que Bélgica encontraba el hueco, Beiranvand aparecía.
El momento más amargo para Irán llegó en el minuto 25. Taremi recibió solo tras una falta ensayada y batió a Courtois. El estadio reaccionó. Pero el VAR anuló el tanto por fuera de juego. Un gol aparentemente legítimo, borrado por centímetros.
La primera parte terminó 0-0. Bélgica había dominado sin marcar. En un equipo presentado como favorito, eso ya era una señal de alarma.
La expulsión que lo cambió todo… y no cambió nada
El minuto 66 alteró el partido de forma definitiva. El defensa belga Ngoy intentó un pase atrás hacia Courtois, pero acabó derribando a Taremi cuando era el último hombre. El árbitro argentino Darío Herrera no dudó: tarjeta roja directa. Bélgica se quedó con diez.
Irán tenía superioridad numérica y más de veinte minutos por delante. Era el momento de sentenciar. Los iraníes, sin embargo, no encontraron el gol. Movieron el balón con cierta lentitud y, cuando aceleraron, la defensa belga resistió.
Lo más llamativo fue la respuesta de Bélgica. Con un jugador menos, siguió atacando: Lukebakio estuvo muy cerca en el minuto 95, Fernández-Pardo también disparó en el descuento y Mechele remató alto. Courtois, por su parte, mantuvo su portería a cero en la segunda parte con intervenciones que recordaron por qué sigue siendo uno de los mejores porteros del mundo. El 0-0 resistió. Nadie ganó. Nadie perdió. O quizás los dos cedieron algo.
Un empate que reordena el grupo G
El resultado deja el grupo G en una situación que nadie anticipaba. Irán y Bélgica suman dos puntos cada uno, mientras Nueva Zelanda y Egipto tienen uno tras la primera jornada. La segunda jornada se completa a las 03:00 del lunes con el encuentro entre ambas selecciones, lo que mantiene todo completamente abierto.
Bélgica no ha confirmado su condición de favorita. De Bruyne, referente indiscutible del equipo, tuvo una actuación discreta: Rudi Garcia lo retiró en el minuto 87. El equipo belga acumula dos partidos sin convencer y con un solo punto más que sus rivales directos.
Para Irán, en cambio, este punto tiene una dimensión que va más allá de la tabla. Conseguirlo después de viajar desde Tijuana, sin poder descansar en el país anfitrión, con un gol anulado y con todas las presiones externas que arrastra este equipo, dice algo sobre lo que puede lograr un grupo de futbolistas cuando las circunstancias los obligan a ser más que un equipo.
Vale la pena preguntarse cuántos equipos habrían aguantado lo mismo. Y cuántos habrían sacado siquiera un punto.
