En una consulta de Avilés conviven, con la misma naturalidad, las acreditaciones de 200 partidos internacionales y un cuadro donde brillan medallas olímpicas. Son los trofeos silenciosos de José Antonio Rodas, médico asturiano que recorrió todas las categorías del fútbol español hasta llegar a los Juegos de París.
Rodas ha tratado al 85% de los jugadores que hoy disputan el Mundial. Los conoce desde mucho antes de que fueran estrellas. Y tiene algo que decir sobre lo que está pasando con la selección.
Un despacho lleno de historia
En la consulta de Rodas en Avilés no sobra nada. Cada acreditación ocupa su lugar, cada medalla guarda su historia. El cuadro que preside la sala condensa décadas de trabajo discreto al servicio del fútbol español, desde las categorías inferiores hasta los Juegos Olímpicos.
Su trayectoria no fue lineal. Comenzó como médico de la Mutualidad de Futbolistas, donde Maximino Martínez, expresidente de la Federación Asturiana, lo puso en el radar de Ángel María Villar, quien acabó incorporándolo al cuerpo médico de las selecciones nacionales. Para entonces ya había cumplido dos de sus tres grandes objetivos: quince años en el control antidopaje del Consejo Superior de Deportes y una etapa como médico del Avilés en Segunda División y del Sporting en Primera. Solo faltaba la selección.
Ponerse la camiseta de la Roja por primera vez
«Cuando te pones la camiseta de la Roja te das cuenta de lo bonita que es», recuerda Rodas. No es nostalgia. Es una sensación que describe con la misma precisión con la que habla de una lesión muscular.
Entró por la puerta pequeña: lo asignaron a la sub-17, con Santi Denia al mando, y fue escalando categoría a categoría hasta alcanzar la sub-21 y el equipo olímpico. Nueve grandes competiciones en total. El ambiente, afirma, siempre fue bueno, y los seleccionadores lo acogieron desde el principio.
La diferencia entre trabajar en un club y hacerlo en una selección es, según él, una cuestión de control y perspectiva. «Ser seleccionador es ver muchísimos partidos, muchísimas estadísticas», explica. En un club la plantilla ya está configurada. En una selección hay que elegir entre los mejores del país y tenerlo todo controlado, y ahí reside, dice, la verdadera maestría.
La Eurocopa sub-21 y el golazo de Fabián: cuando España empieza mal
La final de la Eurocopa sub-21 de 2019 frente a Italia no arrancó bien. España perdía 3-1 y el partido parecía sentenciado. Rodas recuerda ese momento con una nitidez que no ha perdido con los años.
Luis de la Fuente llegó al vestuario en el descanso y apretó. «Hay que meter otro, que si no, no vamos a ganar», les dijo a los jugadores. La remontada llegó con el golazo de Fabián y el gol de Dani Olmo. Cuando entró el segundo tanto, Rodas empezó a creérselo.
Al pitido final se quedó paralizado. Las piernas no respondían. Las lágrimas, sí. Se le vino a la memoria su padre, fallecido tiempo atrás. «España siempre que empieza mal hace grandes cosas», dice hoy, y lo dice desde la experiencia, no desde el optimismo fácil.
Oro en París: ganar a Francia en el Parque de los Príncipes
El oro olímpico de París 2024 llegó cargado de peso personal. Hacía pocos meses que Rodas había perdido a su madre. El partido ante Francia, en el Parque de los Príncipes, con toda la afición local en contra, concentró todo eso en noventa minutos.
Recordaba la final de Tokio, la plata, el larguero de Bryan Gil y el gol de Brasil en el último minuto. Esta vez fue distinto. Cuando Sergio Camello hizo la vaselina para el 3-4 y luego anotó el 3-5, Rodas miró al cielo. No se lo podía creer.
«Me acordé de cuando España ganó el oro en Barcelona», cuenta. Aquella envidia sana de juventud se convirtió en protagonismo real. Detrás de ese momento hay mucho trabajo, pocas horas de sueño y un equipo interdisciplinar que raramente aparece en los titulares.
El diagnóstico de quien conoce a los jugadores por dentro
El 85% de los jugadores que hoy disputan el Mundial ha pasado por sus manos. Los conoce antes de ser famosos. Lo que más valora de ellos no es la técnica, sino la humildad. «Los que tienen esa humildad suelen llegar más arriba que los que son más soberbios», afirma.
Su lectura del tropiezo inicial de España en el Mundial es serena. Señala un patrón que él mismo ha vivido en los Juegos de Tokio, en los de París y en la Eurocopa sub-21: en todos esos torneos España empezó mal y terminó ganando. No es fe ciega. Es evidencia acumulada.
Sobre la gestión de jugadores como Nico Williams o Lamine Yamal, prefiere no opinar sin datos. Confía plenamente, eso sí, en el cuerpo médico y técnico que trabaja sobre el terreno. «Los que están allí son los mejores», dice con convicción.
Su propio sueño pendiente es más modesto de lo que parece: disputar un solo partido con la absoluta. Solo uno, para poder decir que ha estado en todas las categorías del fútbol masculino español. Quien ha vivido dos oros olímpicos y una Eurocopa sub-21 sigue teniendo metas por cumplir. Eso, quizás, dice más de él que cualquier medalla.
