En una sola sesión del lunes, SpaceX vio evaporarse más de 400.000 millones de dólares de su capitalización bursátil: la segunda mayor destrucción de valor en un solo día en toda la historia de los mercados. Solo Nvidia, que perdió 593.000 millones en una jornada de 2025, la supera en ese ranking.
Esa misma madrugada, mientras Europa dormía, el índice Kospi de Seúl se desplomaba un 10% —el límite que permite el regulador surcoreano— arrastrando a inversores que hasta hace semanas creían estar en el rally más rentable de la última década. Algo inusual está ocurriendo en la cima del mercado tecnológico.
Una semana de montaña rusa en la cima del mercado
Lo que ha vivido SpaceX en sus primeras siete sesiones en Wall Street no tiene precedentes recientes. La compañía de Elon Musk acumuló ganancias de casi el 50% en sus primeros tres días de cotización, debut incluido, y después llegó el golpe: tres sesiones consecutivas de caídas que sumaron un 23%. El resultado final supera los 500.000 millones de dólares en pérdidas acumuladas.
Para entender la magnitud de esa cifra basta una sola comparación. Las pérdidas de SpaceX equivalen al valor conjunto de Inditex, Banco Santander, CaixaBank e Iberdrola —cuatro de las mayores empresas de España que, sumadas, no alcanzan lo que la firma espacial ha destruido en días.
El nerviosismo se extendió por todo el mercado. El VIX, conocido como el índice del miedo porque mide la volatilidad esperada sobre el S&P 500, se disparó más del 10% en una sola jornada. No es una señal que los analistas ignoren: indica que los inversores están pagando más para protegerse de caídas futuras, y eso tiene consecuencias.
El rally de los semiconductores: cifras que desafían la lógica
Mientras SpaceX protagonizaba su particular montaña rusa, el mercado surcoreano acumulaba un año histórico. El índice Kospi sube cerca del 95% en lo que va de 2026, impulsado sobre todo por Samsung Electronics —con una revalorización del 140%— y SK Hynix, que se ha disparado un 277%.
Del lado estadounidense, Micron Technology llegó a subir un 324% en menos de seis meses, superando 1,2 billones de dólares de capitalización. El ETF de semiconductores de BlackRock alcanzó más de 46.100 millones de dólares, reflejo del FOMO —el miedo a quedarse fuera— que domina a buena parte de los inversores.
La brecha con el resto del mercado resulta llamativa. En el mismo periodo, el S&P 500 sube apenas un 8% y el Ibex 35 un 11%. Esa distancia entre los índices generales y el sector de semiconductores no tiene precedentes recientes, y alimenta las preguntas sobre si estas valoraciones son sostenibles.
El cuello de botella: pocas empresas controlan todo
La producción de chips avanzados para inteligencia artificial está concentrada en media docena de compañías. Nvidia, Micron, Samsung y SK Hynix dominan un mercado cuya demanda crece sin señales de freno, lo que genera un círculo difícil de romper: la demanda sube, los precios suben, las cotizaciones suben, y los inversores compran más.
Cuando llegan las caídas, el impacto es proporcional al tamaño alcanzado. Nvidia, la mayor empresa cotizada del mundo con cerca de 5 billones de dólares de capitalización, perdió 593.000 millones en una sola sesión en 2025. SpaceX repitió ese patrón con sus 400.000 millones perdidos el lunes.
Desde Banca March advierten, sin embargo, de que la concentración está respaldada por resultados reales. «La revalorización reciente no responde a unos múltiplos exigentes, sino que ha ido acompañada de un crecimiento de beneficios extraordinario«, señalan. Hablar de burbuja, para ellos, sigue siendo prematuro.
¿Burbuja o crecimiento legítimo? El debate que divide a los expertos
No todos comparten esa tranquilidad. Los analistas de Bank of America advierten de que «el ritmo y la intensidad del repunte del Nasdaq 100 ha empezado a inquietar a algunos inversores, y con razón, ya que las fuertes caídas y las rápidas recuperaciones son características típicas de la formación y propagación de burbujas».
En el extremo opuesto, Cathie Wood, fundadora de Ark Invest, descarta ese riesgo con un argumento singular: precisamente porque todo el mundo habla de burbuja, es menos probable que exista. «Todo el mundo está preocupado por ello», declaró en una entrevista reciente.
La propia arquitectura de los índices refleja esa tensión. Nasdaq modificó sus criterios de admisión para incluir a SpaceX; el S&P 500 mantuvo los suyos, consciente de que la entrada de la compañía obligaría a miles de millones en compras automáticas —y amplificaría las caídas cuando llegaran las ventas. Los pequeños inversores han comenzado a reducir posiciones. Los institucionales, en su mayoría, mantienen o amplían su exposición.
El otoño que viene: 300.000 millones en busca de inversores
El verdadero test llegará en los próximos meses. Anthropic y OpenAI esperan captar conjuntamente 120.000 millones de dólares antes de que acabe el año, mientras SpaceX planea una ampliación de capital de 75.000 millones y una emisión de deuda adicional de 100.000 millones para financiar sus planes de expansión interplanetaria. Las grandes tecnológicas —Amazon, Alphabet— también colocan deuda para sostener su ritmo de inversión en inteligencia artificial.
La pregunta que nadie puede responder con certeza es si habrá suficiente liquidez para absorber todo ese papel. El mercado ha demostrado un apetito notable por los activos vinculados a la inteligencia artificial, pero ese apetito tiene límites, y las últimas semanas han mostrado que la volatilidad puede ser tan intensa como el rally que la precedió.
Lo que ocurra en ese otoño financiero marcará si este episodio fue una corrección sana dentro de un ciclo de crecimiento real, o la primera señal visible de que el mercado ha alcanzado su punto de saturación. Inversores grandes y pequeños lo observarán con más atención que nunca.
