En el cementerio de Ceares, el viejo El Sucu de Gijón, una corona floral descansó ayer sobre la tumba de Anselmo López. Aficionados, peñistas y directivos del Sporting se congregaron en silencio ante el fundador del club para conmemorar 121 años de historia rojiblanca.
Fue el undécimo año consecutivo de un homenaje que estuvo a punto de perderse para siempre.
Un ritual que el olvido casi se llevó
Durante años, la tumba de Anselmo López pasó el aniversario del club en completo silencio. Sin flores, sin que nadie pronunciara su nombre. El homenaje al fundador del Sporting había quedado abandonado, como tantas tradiciones que desaparecen sin que nadie decida explícitamente suprimirlas.
Fue la Asociación Anselmo López quien lo recuperó. Hace once años, el colectivo retomó el acto y lo convirtió en cita fija, y desde entonces no ha fallado ni una sola vez.
Este año se celebró por undécima ocasión consecutiva. Javier Fernández, uno de los impulsores del homenaje, fue directo desde el principio: «Hace 11 años recuperamos este acto que, esperamos, nunca se deje ya de hacer». No es solo gratitud. Es un compromiso que se renueva cada temporada.
El cementerio de Ceares, el viejo El Sucu, no es un lugar cualquiera para la afición rojiblanca. Forma parte del tejido sentimental de Gijón, y recibir allí el nuevo año deportivo del Sporting le otorga al acto una dimensión que ningún salón de actos podría replicar.
Quiénes acudieron a dar la cara por la historia del club
La representación fue amplia. La Asociación Anselmo López estuvo encabezada por Javier Fernández y Roberto Narváez, conocido como Milinko, quienes organizaron y lideraron el acto desde el primer momento.
El Sporting envió a Joaquín Alonso, figura histórica del club y actual responsable de relaciones institucionales, acompañado por Alfonso Rodríguez, de la Fundación Marea Rojiblanca. Su presencia dejó claro que el club no trata este homenaje como un trámite, sino como un acto con peso real en el calendario oficial de la temporada.
Las peñas completaron el cuadro. Sentimiento Rojiblanco, con Xuacu Rodríguez al frente, Grada de Animación y Ultra Boys acudieron como lo han hecho en los últimos años. Esa asistencia habitual convierte el acto en algo que trasciende lo puramente institucional.
La ofrenda floral fue el momento central. La Asociación depositó un ramo sobre la tumba; el Sporting colocó una gran corona. Dos gestos distintos, un mismo reconocimiento al hombre que fundó el club hace 121 años.
121 años y una sola palabra que nadie quiso pronunciar primero
Joaquín Alonso tomó la palabra tras un minuto de silencio en memoria de los sportinguistas fallecidos en el último año. Su intervención fue medida, cálida y deliberadamente imprecisa en un punto concreto. «Yendo todos a una vamos a conseguir buenos objetivos esta temporada», dijo. La palabra ascenso no apareció.
No fue un descuido. El Sporting llega a esta temporada con la herida del curso anterior todavía presente, y en los rostros de algunos asistentes se leía esa mezcla de deseo y cautela que genera la desilusión reciente.
Diego Palacio, de la peña Ultra Boys, rompió el protocolo no escrito. «A ver si este es el año y subimos a Primera», dijo sin rodeos. La frase cayó sobre el grupo como un alivio. Era lo que todos pensaban.
Joaquín Alonso respondió sin esquivar el momento: «No perder la ilusión nunca. La unión hace la fuerza». Javier Fernández recogió la frase de inmediato, y el propio Joaquín añadió: «Es el deseo de todos, Javi». El presidente ejecutivo del club, José Riestra, ya había señalado el ascenso como objetivo explícito de la temporada. Nadie en el cementerio lo ignoraba.
Más allá del resultado: el compromiso que no caduca
Xuacu Rodríguez cerró las intervenciones. El presidente de Sentimiento Rojiblanco siguió al equipo en todos sus desplazamientos la temporada pasada, lejos de El Molinón, y sabe bien lo que cuesta ese tipo de fidelidad. Su mensaje, aun así, no incluyó condiciones.
«Nosotros vamos a seguir cumpliendo», dijo. Pocas frases resumen mejor lo que une a esta afición con su club.
El homenaje a Anselmo López funciona como espejo. Cada año, el Sporting se mira en su propio origen y mide la distancia entre lo que fue, lo que es y lo que aspira a ser. A veces esa distancia es corta. Otras veces, duele.
La pregunta que queda en el aire al salir del cementerio de Ceares no es solo si el Sporting subirá a Primera. Es si una comunidad que construye rituales así, que recupera lo que el olvido casi se lleva, merece algo más que buenos objetivos. Esa pregunta, cada aficionado rojiblanco tendrá que responderla a su manera.
