Desde que España levantó la Copa del Mundo en Sudáfrica, ninguna de sus siguientes selecciones había logrado superar una eliminatoria mundialista. Caída en grupos en 2014, eliminada por Rusia en octavos en 2018 y despedida por Marruecos en la misma ronda en 2022: dieciséis años de sequía en la fase decisiva del torneo más grande del fútbol.
Este miércoles, con el SoFi Stadium de Los Ángeles abarrotado y esa losa histórica sobre los hombros, La Roja salió al césped ante Austria con la obligación de romper la maldición de una vez por todas.
Una maldición que pesaba como una losa
Dieciséis años no son un mal resultado puntual. Son un patrón. España cayó en grupos en Brasil 2014 sin apenas competir, fue eliminada en octavos por penaltis en Rusia 2018, y Marruecos repitió el guion exacto cuatro años después en Catar. Tres Mundiales, tres fracasos en la fase decisiva. La selección más laureada de Europa arrastraba un estigma que los argumentos futbolísticos no terminaban de explicar.
El partido ante Austria se convirtió, antes de empezar, en algo más que un dieciseisavo de final. Era el examen que nadie quería suspender de nuevo. Luis De La Fuente sabía que el resultado importaba, pero también la manera de conseguirlo, porque una eliminación más habría reabierto un debate que llevaba años gestándose en silencio.
Las caras de los jugadores en el túnel lo decían todo.
El once de De La Fuente: apuestas claras y alguna baja notable
El seleccionador no sorprendió con su alineación. Unai Simón bajo palos; Porro, Laporte, Cubarsí y Cucurella en defensa; Rodri y Pedri en el centro del campo; Dani Olmo, Baena y Lamine Yamal como mediapuntas; y Oyarzabal como referencia ofensiva. Un once reconocible, sin experimentos de ningún tipo.
La novedad más llamativa fue la ausencia de Nico Williams. El extremo del Athletic quedó descartado para este partido, aunque la idea es que pueda reaparecer en octavos si España avanza. Su baja abrió un debate que De La Fuente zanjó con decisiones concretas: Dani Olmo y Pedro Porro repitieron como titulares, mientras Fabián Ruiz, Mikel Merino y Marcos Llorente esperaron desde el banquillo. El técnico navarro apostó por la continuidad.
Primera parte: dominio sin premio hasta el gol de Oyarzabal
España salió con intensidad. Desde los primeros minutos, Baena y Lamine Yamal generaron peligro por las bandas, aunque el último pase no siempre llegó con la precisión necesaria. El dominio era evidente, pero el marcador no se movía.
El momento más frustrante llegó en el minuto 29: Cucurella remató dentro tras un córner, pero el árbitro anuló el gol por una falta previa al portero austriaco. El 0-0 se resistía más de lo esperado para un equipo que controlaba el partido con claridad.
La apertura del marcador llegó en el 36. Cucurella habilitó a Oyarzabal con un pase preciso y el delantero vasco no perdonó desde el punto de penalti. Un remate limpio, sin dudas. España se fue al descanso con ventaja y con la sensación de haber cruzado el momento más tenso de la noche.
Segunda parte: Porro sentencia y Oyarzabal pone la guinda
Austria salió con más agresividad tras el descanso. Hubo entradas duras y momentos de tensión, pero España no perdió el control en ningún instante. La solidez defensiva fue un argumento constante a lo largo de los noventa minutos.
El segundo gol llegó en el 65. Baena puso un centro medido desde la derecha y Porro apareció desde atrás para rematar de cabeza con precisión. Un gol de lateral en el momento justo, suficiente para cerrar cualquier opción de remontada austriaca.
Lamine Yamal estuvo muy activo durante toda la segunda parte. En el minuto 84, su remate parecía gol, pero Alaba lo sacó bajo palos en una acción providencial. El barcelonés fue sustituido poco después por Gavi. El 3-0 llegó en el 88 con la misma conexión que había abierto el marcador: Cucurella para Oyarzabal, doblete del delantero vasco y partido cerrado con autoridad.
Octavos de final: el siguiente paso en el camino
España se medirá en octavos al ganador del Portugal-Croacia. Cualquiera de los dos representa un desafío de primer nivel, pero La Roja llega con una confianza que llevaba años sin verse en una eliminatoria de Mundial.
La posible vuelta de Nico Williams añade un elemento relevante. Si el extremo del Athletic está disponible, De La Fuente tendrá más recursos para desequilibrar desde las bandas, y la competencia interna puede convertirse en una ventaja real en lugar de un problema.
Este 3-0 no es solo un resultado. Es la primera señal concreta de que esta selección puede hacer algo importante en Estados Unidos. El siguiente partido dirá si la maldición está rota de verdad o si solo estaba dormida.
