Marta Estal cantaba con tacones y vestidos de gala. Ahora carga furgonetas para llevar su espectáculo de un escenario a otro.
Soprano, pianista, actriz y dramaturga, Estal concentra en su sola persona el elenco entero de NO-DIVA: un micromusical en el que interpreta, produce y firma la música para retratar a una cantante de ópera atrapada entre su vocación y las facturas. Una mujer orquesta que ha convertido esa contradicción en materia escénica.
Una mujer orquesta frente al espejo
Marta Estal no llegó a acumular todos esos roles por elección caprichosa. Asumir simultáneamente los papeles de soprano, pianista, actriz y dramaturga en un único unipersonal responde a dos fuerzas concretas: la voluntad de explorar su propia diversidad artística y la aritmética brutal de la creación independiente. «A veces acabamos asumiendo partes de la creación o de la producción porque no salen los números», reconoce ella misma.
El punto de partida fue un experimento. Estal quería explorar esa multiplicidad de lenguajes escénicos y descubrió que la soledad del personaje encajaba con precisión en la historia que buscaba contar. Una artista sola en escena. Sola también fuera de ella.
La trama: vocación contra facturas
NO-DIVA retrata a una cantante de ópera atrapada entre su vocación y las obligaciones económicas cotidianas. La trama no es ficción pura: una de las piezas musicales del montaje está basada en una llamada real de Estal a su gestor, con frases textuales del diálogo reproducidas en escena.
El contraste que articula la obra es preciso y reconocible. Las expectativas del mundo lírico chocan contra la realidad burocrática de montar una compañía: dossieres, Canva y declaraciones de Hacienda. «Yo estaba cantando con tacones y vestidos y ahora cargo furgonetas», describe Estal. La pieza aborda con humor ese choque entre las exigencias de la vida adulta y la determinación de vivir del arte, sin quedarse en lo meramente anecdótico.
Puccini, Bellini y Satie dialogando con el presente
El montaje se inscribe en el género del micromusical, no solo por su duración breve, sino porque combina arias clásicas de Puccini, Bellini y Satie con composiciones originales en lenguajes contemporáneos. «Las piezas modernas y clásicas están dialogando todo el tiempo», explica Estal. Su propósito es demostrar que esos compositores también hablan de nosotros.
La primera pieza que escucha el público es un aria de La sonnambula de Bellini, en el momento en que la protagonista rumia sus pensamientos nocturnos. El Casta Diva, también de Bellini, actúa como voz de la conciencia de Marta, encarnando la figura de Maria Callas. Estal lo describe como una plegaria invertida: en origen es un himno a la Luna, pero ella se lo canta a Callas como alabanza y agradecimiento.
Uno de los momentos más emotivos llega cuando la protagonista habla de los sueños de infancia, «sobre eso que amábamos y que quizá hemos comenzado a olvidar». Para ilustrarlo, Estal eligió una canción en la que Matilde Salvador puso música a versos de Joan Fuster: No sé si m’estimaves. El verso que más la emociona es este: «T’estimava, i això era tot, i això era prou».
Aliados en el camino
Ninguna obra se construye del todo en soledad, aunque lo parezca. La asesoría dramatúrgica de NO-DIVA corrió a cargo de Álvaro Tato, cofundador de Ron Lalá y codirector del montaje, y de Xavier Puchades, quien llegó al proyecto gracias al IX Premio de Dramaturgia de la Fundación SGAE. La perspectiva de Tato resulta imprescindible según Estal: «Él viene del mundo del teatro y yo más de la música clásica. A partir de ese diálogo hemos ido encontrando el lenguaje de la compañía».
Para la versión larga del espectáculo, la bailarina Júlia Cambra colaboró en el trabajo de movimiento escénico. La inmersión de Estal en el mundo del flamenco, junto a la compañía de Rafaela Carrasco —Premio Nacional de Danza 2023—, influyó además en su comprensión del ritmo y del cuerpo en escena. «Ojalá se me haya pegado algo, aunque sea solo un poquito», bromea.
Tres premios y una generación que se reconoce
NO-DIVA ya acumula reconocimientos antes de completar su recorrido. El espectáculo fue premiado en la Mostra de Teatre de Alcoi y obtuvo el Premi Llavor de Russafa Escènica; ahora compite en la Mostra de Teatre Emergent.
Los galardones importan, pero no únicamente como validación personal. «De alguna forma confirma que la ópera y la música clásica pueden llegar desde muchos lugares distintos», dice Estal. Y añade algo más significativo: siente que esos premios funcionan como altavoz para toda una generación de artistas que comparte las mismas luchas.
Ahí reside el fondo verdadero de NO-DIVA. No es solo la historia de una soprano que carga furgonetas, sino el retrato de una generación que aprendió a querer el arte antes de aprender lo que cuesta sostenerlo. Reírse de eso juntos, como propone Estal, no resuelve nada. Pero quizás sea el primer paso para dejar de cargarlo en silencio.
