Miles de deportivistas renovaron su abono en apenas 48 horas cuando el club anunció su regreso a Primera División después de ocho años. La ilusión era unánime. Pero los socios de Marathon Inferior, la grada donde se concentra la animación más intensa, recibieron unas condiciones radicalmente distintas al resto: renovación presencial obligatoria, prohibición de ceder el carné y, sobre todo, el control del club sobre los cánticos y el material de animación.
Lo que empezó como un trámite de temporada ha derivado en asamblea, denuncia ante Protección de Datos y una manifestación convocada para este jueves en la Plaza de Pontevedra.
El regreso a Primera y la campaña de abonados que lo cambió todo
El anuncio del ascenso disparó la expectativa en toda la ciudad. En las primeras 48 horas, más de 5.000 socios renovaron su abono, un ritmo comparable al de la temporada anterior. Ocho años de espera encontraron respuesta inmediata en las taquillas.
La campaña, sin embargo, también trajo una subida significativa de precios en todas las gradas. Un sector representativo de la afición expresó su malestar desde el primer momento. La alegría del ascenso no fue suficiente para acallar las quejas.
Lo más llamativo llegó incluso antes de que el club presentara la campaña general. Unas horas antes, los socios de Marathon Inferior recibieron una comunicación aparte, con condiciones específicas y notablemente más restrictivas que las del resto del estadio.
Las medidas que encienden a la afición de Marathon Inferior
La primera diferencia es procedimental: los abonados de Marathon Inferior deben renovar de forma presencial en la Oficina de Atención al Deportivista. Sin acceso al proceso online disponible para el resto de socios.
El club también les exige presentar un documento oficial de identidad para quedar completamente identificados, y les prohíbe ceder su carné a otra persona de la misma categoría, algo que sí se permite al resto de la afición.
La medida que más ha tensado el ambiente es otra. El club asume la dirección y coordinación de la animación en esa grada: controla los cánticos y el material, incluidos bombos, megáfonos y banderas. Queda prohibido exhibir mensajes o símbolos ajenos al hecho deportivo o que fomenten el enfrentamiento entre aficiones.
La respuesta organizada: asamblea, denuncia y manifestación
La reacción no tardó. La Federación de Peñas, Riazor Blues y Old Faces convocaron una asamblea abierta junto a la Torre de Marathon para mostrar su rechazo colectivo. El mensaje fue claro: la afición no acepta estas condiciones en silencio.
Allí mismo, los colectivos instaron a sus bases a no renovar el abono y anunciaron una manifestación para el jueves 16 de julio a las 20.00 horas en la Plaza de Pontevedra. «Es el momento de estar unidos y demostrar que nuestra pasión no se controla ni se silencia», comunicaron conjuntamente.
La protesta no se quedó en lo simbólico. Los grupos presentaron una denuncia ante la Agencia Española de Protección de Datos, al considerar que el club comete una infracción al retener copias de los documentos personales de los socios de Marathon Inferior.
La posición del club: sanciones, multas y el fantasma del cierre de Riazor
El Deportivo no ha improvisado estas medidas. Las justifica como mecanismo para evitar sanciones económicas y posibles cierres del estadio en Primera División, reconociendo haber acumulado multas por cánticos ofensivos en temporadas recientes.
El antecedente más inmediato es la sanción pendiente por la invasión de campo en el partido contra la UD Las Palmas. La Comisión Antiviolencia solicitó 80.000 euros de multa y el cierre de Riazor durante un mes. Una perspectiva que el club quiere evitar a toda costa.
La decisión final, no obstante, corresponde a la RFEF. Y los precedentes son relevantes: en situaciones similares, la federación nunca ha ordenado el cierre de ningún estadio. Las sanciones se han limitado hasta ahora a multas económicas.
El convenio con las peñas en el aire y el pulso que viene
A la tensión por los abonos se suma otra decisión de calado. El Deportivo anunció que no renovará automáticamente el convenio con la Federación de Peñas vigente desde 2017, y quiere negociar un nuevo acuerdo que entre en vigor esta misma temporada.
Sobre la mesa están el reparto de entradas en partidos fuera de Riazor, una mejor identificación de los peñistas y mecanismos concretos para prevenir sanciones por cánticos ofensivos. La negociación no arranca precisamente en un clima de distensión.
Lo que debería ser una temporada de celebración comienza con un pulso abierto entre el club y sus grupos más organizados. Cómo evolucione esa negociación, y cuántos abonados de Marathon Inferior decidan finalmente renovar, marcará el tono de un regreso a Primera que ya tiene mucho más que fútbol en juego.
