Las empresas son protagonistas silenciosas de la transición energética en el transporte: representan cerca del 58% de las matriculaciones de vehículos nuevos en Europa, lo que convierte cada decisión de flota corporativa en un factor con peso real sobre las emisiones del continente.
En apenas dos años, algo ha cambiado de forma notable en cómo las corporaciones europeas eligen sus vehículos. Los datos lo confirman, aunque el ritmo de ese cambio no es el mismo para todos los sectores.
Las empresas, motor oculto de la descarbonización del transporte
El Ayvens Research Lab ha publicado la segunda edición de su Ranking de Sostenibilidad de Flotas por Industria. El estudio analiza la evolución de los vehículos corporativos en 29 países europeos entre 2022 y 2024, y sus conclusiones no dejan mucho margen a la interpretación: las flotas empresariales están cambiando, y ese cambio tiene consecuencias directas sobre las emisiones del sector del transporte en todo el continente.
El dato más relevante es la reducción media del 25% en las emisiones de CO₂ de los vehículos nuevos incorporados a flotas corporativas desde 2022. Un porcentaje que no es casual. Cuando las empresas representan cerca del 58% de las matriculaciones de vehículos nuevos en Europa, sus decisiones de compra equivalen, en la práctica, a una política de movilidad.
El diésel cae a la mitad: un cambio que redefine el parque corporativo
Uno de los giros más visibles del período es la retirada del diésel. Desde 2022, su presencia en las flotas corporativas se ha reducido prácticamente a la mitad, y hoy representa menos del 25% de los nuevos pedidos en la mayoría de sectores. Es un descenso rápido para un combustible que durante décadas dominó el parque empresarial europeo.
Los sectores industrial y farmacéutico siguen siendo los que mantienen las cuotas más altas de diésel, aunque incluso ellos han recortado a la mitad sus entregas con este tipo de motor desde 2022. El cambio alcanza también a los más resistentes, aunque llegue más despacio.
Con todo, la caída del diésel no equivale automáticamente a electrificación. En algunos sectores, el hueco lo ocupan los vehículos de gasolina o los híbridos. La transición no sigue una línea recta.
Servicios financieros y construcción lideran, consumo y salud se rezagan
El ranking sitúa al sector de servicios financieros y profesionales como el más sostenible por segundo año consecutivo, reflejo de una electrificación avanzada y una reducción sostenida de combustibles fósiles en la flota.
La mayor sorpresa del informe la protagoniza la construcción. Este sector registra la mejora anual más significativa: el 39% de sus vehículos nuevos ya eran eléctricos en 2024, un dato que contrasta con la imagen tradicional de un sector asociado a vehículos pesados y utilitarios de trabajo.
En el extremo opuesto se sitúan los sectores de bienes de consumo y sanitario, ambos con cuotas de vehículos eléctricos inferiores al 20%, por debajo de la media del conjunto analizado. Aun así, el avance general es innegable: todos los sectores —salvo el de automoción y el financiero-profesional, que ya partían de posiciones más avanzadas— han más que duplicado su cuota de eléctricos desde 2022.
Una transición a dos velocidades: híbridos como puente tecnológico
Los datos del estudio revelan una tensión relevante. Cuatro sectores —construcción, sanidad, industria y farmacia— han aumentado su cuota de vehículos de gasolina en los últimos dos años, lo que indica que el abandono del diésel no siempre desemboca en electrificación directa. Para muchas empresas, la gasolina o los híbridos funcionan como solución intermedia.
Los vehículos híbridos y los híbridos enchufables muestran una evolución más estable que el resto de tecnologías. Se consolidan como puentes entre el motor de combustión y el eléctrico puro, especialmente en sectores con necesidades operativas específicas o infraestructuras de carga todavía limitadas.
Como señala el responsable de comunicación y ESG de Ayvens en España, David Henche, los datos «reflejan un cambio estructural en la movilidad empresarial en Europa», aunque «con diferentes velocidades según el sector». Y añade que «todavía queda mucho camino por recorrer para lograr la descarbonización de las flotas corporativas«.
La transición existe y está respaldada por datos. Pero es heterogénea, y esa heterogeneidad importa: cuando un sector avanza al doble de velocidad que otro, la media global puede ocultar realidades muy distintas. Vale la pena preguntarse qué condiciones —fiscales, operativas, culturales— explican esas diferencias, y si las políticas actuales están diseñadas para reducirlas o simplemente para celebrar el promedio.
