El jueves amaneció en Murcia con aviso rojo por calor extremo. Ya era suficiente para una jornada complicada. Pero las temperaturas de más de 44 grados resultaron ser solo el primer capítulo de un día que acumuló, en pocas horas, tormentas, más de cien rayos, vientos violentos y un gran incendio forestal. Pocas veces la región había encadenado tantos fenómenos meteorológicos extremos en una misma jornada.
Un día que empezó en rojo
La Agencia Estatal de Meteorología activó el nivel de aviso más alto para las comarcas de la Vega Media y el Valle del Guadalentín. El rojo por temperaturas extremas no ocurre cada semana, y ese jueves estaba más que justificado: varios municipios de la región superaron los 44 °C.
Las consecuencias llegaron de inmediato. La mayoría de los trabajos al aire libre en agricultura y construcción quedaron paralizados. Varios ayuntamientos cerraron instalaciones municipales y cancelaron actividades. Donde el aviso era de menor nivel, muchas empresas reorganizaron sus jornadas para evitar las horas de mayor insolación.
Hasta las siete de la tarde, los servicios de emergencias habían atendido a nueve personas por causas relacionadas con el calor: cinco hombres y cuatro mujeres, de entre 29 y 85 años. Una cifra contenida, pero que refleja la presión real que ese calor ejerció sobre la población.
La tormenta que nadie esperaba tan pronto
El cielo se nubló antes de lo previsto. Esa cobertura de nubes, que llegó durante el primer tramo de la mañana, frenó temporalmente la escalada del termómetro —no lo suficiente para evitar el calor extremo, pero sí para retrasarlo.
Con la entrada de la tarde llegó un frente tormentoso que atravesó todo el sistema Bético. Dejó aguaceros intensos pero breves en los municipios del Guadalentín y en el entorno de Murcia y Molina de Segura. Las precipitaciones llegaron cargadas de barro, teñidas por el polvo sahariano en suspensión. En algunos puntos no se acumularon ni 10 litros por metro cuadrado, pero vinieron acompañadas de algo más: más de cien rayos cayeron entre Almería y Alicante, con la mayoría de impactos concentrados en el interior de la región.
Dos tipos de reventón en el mismo día
Ginés Mirón, portavoz de la Asociación Meteorológica del Sureste (Ametse), lo explicó con claridad: «Este jueves hemos tenido en diferentes puntos de la Región los dos tipos de reventones que se suelen dar en situaciones de tormentas veraniegas.»
El primero fue el reventón húmedo, también llamado downburst. Se produce cuando una masa de aire frío desciende bruscamente, provoca una caída drástica de temperatura, viento fuerte y lluvia. En el norte de Murcia capital y en la pedanía de Guadalupe, las rachas alcanzaron los 80 km/h, con árboles caídos en Joven Futura y Espinardo y daños materiales en varias viviendas.
El segundo fue el reventón cálido: el fenómeno inverso. Desciende aire caliente, la temperatura sube en lugar de bajar, la humedad cae y no hay lluvia —solo viento seco y caliente. Afectó a Lorca, Jumilla, Fuente Álamo y Mazarrón. Y en Mazarrón, ese viento tuvo consecuencias graves.
El incendio que amenazó urbanizaciones enteras
A media tarde se declaró un incendio de grandes dimensiones en las sierras del Algarrobo y La Perdiz, entre Mazarrón y Fuente Álamo. El viento seco del reventón cálido extendió las llamas con rapidez por una amplia zona de monte.
La respuesta fue inmediata. Casi un centenar de efectivos de varias brigadas forestales se desplegaron sobre el terreno, mientras cinco aeronaves de la Comunidad y del Ministerio para la Transición Ecológica trabajaban desde el aire. Guardias Civiles, Policía Local, Agentes Medioambientales y voluntarios de Protección Civil controlaron los accesos.
El Ayuntamiento de Fuente Álamo recomendó a los vecinos de La Pinilla, Los Cánovas, Campillo y Las Palas que no salieran de sus casas. En el lado de Mazarrón, el fuego amenazaba las urbanizaciones de Country Club y Camposol, y la pedanía de El Saladillo. Comunidades enteras pendientes del avance de las llamas.
Cuando el tiempo extremo se encadena
Lo verdaderamente inusual de ese jueves no fue ninguno de esos fenómenos por separado. Fue que todos ocurrieran a la vez, en la misma región: calor extremo, tormenta con rayos, dos tipos de reventón y un gran incendio forestal. Una secuencia que difícilmente se produce por casualidad.
El polvo sahariano y los frentes de verano intensificaron la situación. Su combinación con el calor preexistente creó las condiciones para que los fenómenos se encadenaran uno tras otro, lo que plantea preguntas incómodas para la gestión de emergencias: ¿están coordinados los cuerpos de seguridad, los servicios forestales y la protección civil para responder a varias crisis simultáneas?
El sureste peninsular es una de las zonas de Europa más expuestas al calentamiento climático. Si episodios como este se vuelven más frecuentes, la pregunta deja de ser solo meteorológica. Es también una pregunta sobre cómo te preparas, cómo respondes y qué infraestructuras necesitas para proteger a quienes viven en estos territorios.
