El mediodía del sábado, el teléfono de emergencias 1-1-2 empezó a recibir llamada tras llamada desde Molina de Segura. Una gran columna de humo se elevaba desde la rambla de Las Monjas, en la avenida Casa Ros, y el fuego crecía rápido.
Demasiado rápido. Las llamas avanzaban hacia parcelas y viviendas, y la situación escaló en minutos.
Un fuego que creció rápido y demasiado cerca
El incendio se declaró sobre el mediodía en la rambla de Las Monjas, en la zona conocida como avenida Casa Ros. Las primeras llamadas al 1-1-2 llegaron en cascada: los vecinos veían una gran columna de humo y no sabían hasta dónde llegarían las llamas.
La Policía Local fue el primer cuerpo en personarse en el lugar. Lo que encontraron no era un fuego menor: las llamas avanzaban sobre una zona de parcelas y rambla próxima a viviendas, y esa cercanía a las edificaciones disparó el nivel de alerta de inmediato. El humo era visible desde puntos lejanos del municipio, lo que multiplicó los avisos ciudadanos. El 1-1-2 registró numerosas llamadas, reflejo tanto de la magnitud visual del incendio como de la inquietud real de quienes vivían cerca.
Corte de luz: cuando el fuego amenaza la red eléctrica
Lo que convirtió este incendio en algo más que un susto fue su cercanía a las líneas eléctricas de la zona. Las llamas se aproximaron lo suficiente como para que las autoridades tomaran una decisión poco habitual en plena jornada: cortar el suministro eléctrico. Para los vecinos, eso significó quedarse sin luz durante varias horas, en un día de calor intenso, en plena ola de calor que afectaba a toda la Región de Murcia.
El corte responde a un protocolo preventivo. Cuando el fuego compromete infraestructuras críticas como las líneas de alta tensión, interrumpir el suministro reduce el riesgo de que el incendio se agrave o provoque accidentes eléctricos durante las labores de extinción. Incómodo, pero necesario.
El dispositivo de emergencias desplegado
La respuesta fue amplia y coordinada. Acudieron brigadas forestales de defensa contraincendios, preparadas específicamente para intervenciones en terreno difícil como el de una rambla con vegetación seca. Su trabajo en tierra fue reforzado desde el aire por el helicóptero de la Dirección General de Seguridad Ciudadana y Emergencias, cuya presencia resultó determinante para atacar las llamas desde arriba y frenar su avance hacia las viviendas más próximas.
El Consorcio de Extinción de Incendios y Salvamento de la Región de Murcia aportó dos vehículos cisterna. La combinación de medios terrestres y aéreos, junto con la coordinación entre distintos cuerpos, fue clave para contener un fuego que en sus primeros minutos había crecido con rapidez preocupante.
Extinción al caer la noche: un sábado de alerta en Murcia
El incendio se dio por extinguido poco después de las 21:30 horas. Habían pasado casi nueve horas desde las primeras llamadas al 1-1-2. Para los servicios de emergencia, fue un final de jornada largo y exigente.
Ese sábado, además, no fue el único frente abierto. Otros incendios simultáneos en Mazarrón y Fuente Álamo obligaron a desalojar a vecinos de varias urbanizaciones cercanas, lo que da una idea de la presión acumulada sobre los equipos de emergencia en toda la región durante esas horas.
El contexto lo explica en parte. La ola de calor y las alertas meteorológicas activas agravaron el riesgo de incendios en toda la Región de Murcia: cuando las temperaturas suben y la vegetación está seca, cualquier foco puede convertirse en un problema grave en cuestión de minutos.
Lo ocurrido en la rambla de Las Monjas invita a pensar en algo que a menudo se pasa por alto. Los incendios no son solo un fenómeno rural o de monte alejado. Cuando el fuego surge en zonas de rambla próximas a viviendas, en el interior de un municipio, la distancia entre el riesgo y la vida cotidiana se reduce a metros. Y la respuesta, por coordinada que sea, siempre llega después de que el peligro ya ha aparecido.
