En plenas fiestas patronales de Lorquí, un pueblo de poco más de cuatro mil habitantes, el alcalde destituyó a su propio concejal de Festejos. El edil, lejos de marcharse, decidió quedarse en el Pleno como adscrito. Con ese gesto, dejó al PSOE sin mayoría absoluta en el municipio.
El episodio podría parecer una anécdota de verano. No lo es. Desde las elecciones locales de junio de 2023, once de los 45 municipios de la Región de Murcia han vivido crisis políticas de distinto calado — mociones de censura, rupturas de coalición, renuncias inesperadas, bloqueos presupuestarios. Una cuarta parte de los ayuntamientos. Casi un tercio de la población regional.
Una legislatura marcada por la fractura
Once de los 45 municipios murcianos han atravesado crisis políticas desde junio de 2023. Los conflictos afectan a ayuntamientos que suman cerca de 490.000 habitantes, casi un tercio de la población regional. No es algo puntual ni localizado: es un patrón que reaparece en municipios de tamaños, partidos y circunstancias muy distintos.
Las consecuencias han sido de todo tipo. Mociones de censura, cuestiones de confianza, rupturas de coalición, casos de transfuguismo y dimisiones que nadie anticipaba. Todo ello en una legislatura que llega a su recta final con menos de diez meses para las próximas elecciones locales, lo que añade una presión extra a equipos de gobierno ya debilitados.
Los episodios más sonados: de Cartagena a Alhama
En Cartagena, la alcaldesa Noelia Arroyo (PP) sobrevivió a una moción de censura por un solo voto, el 2 de junio pasado. Desde entonces gobierna en minoría, con la aprobación de los presupuestos para 2027 todavía en el aire.
En Alhama de Murcia, el PP perdió la alcaldía en enero de 2025. Una moción de censura llevó al poder a un tripartito formado por PSOE, IU y un concejal independiente, que retomó unas obras polémicas paralizadas por el anterior ejecutivo. Los meses que quedan de mandato se anticipan tensos.
En Jumilla, el PP aprobó una moción de Vox para prohibir el rezo islámico en recintos deportivos. La Abogacía del Estado recurrió, sin éxito, y el episodio generó polémica a nivel nacional. En Cieza, el alcalde Tomás Rubio superó dos cuestiones de confianza en medio de tres años de parálisis gestora y llegó a recibir un botellazo a la salida de un pleno.
Vox, el transfuguismo y las mayorías perdidas
En Yecla, los tres concejales de Vox abandonaron el pacto de gobierno con el PP en octubre de 2024, alegando «incumplimientos continuados». La alcaldesa Remedios Lajara logró sacar adelante los presupuestos con la abstención del PSOE, pero la ruptura dejó huella.
En Torre Pacheco, tres de los cuatro ediles de Vox se dieron de baja del partido y entraron en el gobierno local junto al PP. El hasta entonces portavoz municipal de Vox denunció comportamientos «cuasi mafiosos» en su formación; la oposición calificó el movimiento de «ilegal y carente de ética». El debate sobre el transfuguismo volvió a abrirse.
En Las Torres de Cotillas, la imputación de dos concejalas de Vox por presunta prevaricación y la posterior salida de otro edil del gobierno dejaron al ejecutivo sin mayoría absoluta. En Lorquí, como ya se ha visto, la destitución de un concejal del PSOE por el propio alcalde socialista rompió la mayoría del partido en el pleno.
Alcaldes que se van: renuncias que sorprendieron
En San Pedro del Pinatar, la alcaldesa Ángela Gaona (PP) dimitió a los diez meses de tomar posesión. En mayo de 2025 explicó a La Verdad: «Viví una situación complicada con la Policía Local. Me sentí acosada. Estaba embarazada de seis meses». Le sustituyó Pedro Javier Sánchez, que gobierna sin mayoría absoluta.
Más llamativa fue la renuncia de Joaquín Buendía en Alcantarilla. En abril de 2025 alegó querer «recuperar parcelas de la vida personal», pero solo semanas después aceptó la gerencia de Esamur. En mayo, el presidente regional Fernando López Miras lo nombró consejero. Ambas salidas abrieron interrogantes sobre las presiones internas en el partido y la gestión de los equipos locales.
¿Qué hay detrás de tanta inestabilidad?
Ismael Crespo, catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Murcia y codirector del Cemop, apunta a cuatro factores. La «falta de cultura de las coaliciones» y del consenso. Una «clase política de muy bajo nivel, con perfiles marcados por el oportunismo y la tentación del transfuguismo». Vox como «elemento más desencadenante de las crisis»: un partido que, según Crespo, carece de identidad ideológica cohesionada. Y una estructura débil en municipios medianos y pequeños que hace más frágiles los acuerdos.
Crespo sitúa todo esto en un marco más amplio. Los municipios murcianos reflejan la reconfiguración del sistema de partidos a nivel nacional y autonómico; la Asamblea Regional acumula desde 2019 casos de diputados que abandonaron sus grupos para convertirse en no adscritos. Lo que ocurre en los ayuntamientos no es una excepción local: es un síntoma de algo más profundo.
Lo que viene ahora es una cuenta atrás. Con las elecciones locales a menos de diez meses, los municipios en crisis tendrán que decidir si priorizan la estabilidad o la confrontación. Los electores, mientras tanto, tomarán nota.
