Durante una semana, el centro peninsular vivió uno de los episodios más devastadores de su historia reciente. Tres focos declarados en la Sierra Oeste de Madrid acabaron fusionándose en un único frente, mientras en Burgohondo, Ávila, el fuego consumía decenas de miles de hectáreas en lo que se convertiría en el mayor incendio registrado en España en tiempos recientes.
Miles de personas fueron evacuadas y el temor a que ambos incendios se unieran mantuvo en alerta máxima a un operativo de proporciones extraordinarias. Al mediodía del miércoles llegó la confirmación que muchos esperaban.
Una semana de fuego en el centro de España
El origen hay que buscarlo en Almorox, Toledo. Allí se declaró el primero de tres focos que acabarían fusionándose en un único frente en la Sierra Oeste de Madrid. Al mismo tiempo, en Burgohondo, Ávila, otro incendio crecía sin control hasta convertirse en el mayor registrado en España en tiempos recientes, y la proximidad de ambos frentes activos generó desde el principio un escenario de máxima preocupación.
Uno de los temores más persistentes fue que los dos incendios llegaran a unirse. Ese escenario no llegó a materializarse, pero condicionó la estrategia del operativo durante toda la semana. Incluso cuando el fuego dejó de avanzar, la llegada de una ola de calor obligó a mantener la cautela antes de confirmar oficialmente la estabilización.
La confirmación oficial: técnicamente estabilizados
Fue el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien anunció la buena noticia hacia las dos y media de la tarde del miércoles, desde el puesto avanzado de mando establecido en Navalcarnero, Madrid. Tanto la Unidad Militar de Emergencias como los directores técnicos regionales certificaron que ninguno de los dos frentes había avanzado en su perímetro durante las 24 horas previas. «Es una buena noticia», subrayó el ministro.
La estabilización no significa que el incendio esté extinguido. El siguiente paso es lograr el control total y, después, la extinción definitiva. Se evalúa también si procede rebajar la emergencia al nivel 2, lo que transferiría la coordinación a las comunidades autónomas —algo que ya ocurrió el martes en relación con Toledo—. Marlaska y la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, pidieron prudencia ante las condiciones meteorológicas adversas.
El regreso a casa: miles de evacuados vuelven a sus municipios
La estabilización permitió acelerar el levantamiento de las órdenes de evacuación. Este miércoles se autorizó el regreso a once localidades de Ávila que aún permanecían desalojadas: La Adrada, Gavilanes, Casavieja, Casillas, El Hoyo de Pinares, Piedralaves, Mijares, Navahondilla, Santa María del Tiétar, Sotillo de la Adrada y Villanueva de Ávila, además de la urbanización de La Atalaya, en El Tiemblo. En conjunto, más de 15.000 personas pudieron emprender el camino de vuelta.
En Madrid, los vecinos de la urbanización del Encinar del Alberche, la pedanía de Peralejo, Valdemaqueda y Robledo de Chavela recibieron también luz verde para regresar. Cerca de 1.000 personas, sin embargo, continuaban evacuadas en urbanizaciones de San Martín de Valdeiglesias y Pelayos de la Presa, en el entorno del Pantano de San Juan.
Para autorizar el regreso, el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, detalló cuatro condiciones: que no se hayan producido reproducciones del fuego en 48 horas, que no existan puntos calientes activos, que las carreteras estén en condiciones adecuadas y que los servicios de emergencia den el visto bueno sobre el terreno.
El balance de la devastación: hectáreas, viviendas y heridos
Las cifras hablan por sí solas. En Ávila han ardido al menos 50.000 hectáreas; en Madrid, el último balance de Díaz Ayuso sitúa la superficie calcinada en 27.000. Más de 77.000 hectáreas devastadas en ambas comunidades en el transcurso de una semana.
El número de viviendas destruidas ha ido aumentando a medida que los equipos han podido acceder a las zonas afectadas. La presidenta madrileña elevó la cifra hasta el centenar, muy por encima de las 43 que se contabilizaban el viernes pasado, con los núcleos más castigados en la urbanización del Encinar del Alberche y Pelayos de la Presa.
A pesar de la magnitud del desastre, la semana transcurrió sin víctimas mortales ni heridos graves. La Comunidad de Madrid registró 2.800 atenciones sanitarias y 25 hospitalizaciones, todas estables, principalmente por problemas respiratorios.
El origen del fuego: la investigación apunta a maquinaria pesada en el monte
Con los frentes estabilizados, la atención se desplaza hacia las causas. El SEPRONA y la Guardia Civil trabajan para determinar el origen de los incendios y las posibles responsabilidades penales. Según informaciones publicadas por el diario El Mundo, el fuego de Burgohondo se habría iniciado cuando un operario que trabajaba con una máquina giratoria equipada con un martillo hidráulico intentaba ampliar un acceso en un camino forestal. Ese tipo de maquinaria tenía prohibido su uso en el monte durante la temporada de alto riesgo.
Marlaska prefirió no confirmar ni desmentir esos detalles, y pidió ser «cauto» mientras la investigación sigue su curso.
Lo que viene ahora es arduo. La extinción definitiva, la evaluación completa de los daños y el inicio de la reconstrucción marcarán las próximas semanas en Madrid y Ávila. La investigación judicial determinará si hubo negligencia o responsabilidad penal, y el debate sobre la gestión del monte y las restricciones en temporada de riesgo previsiblemente ganará presencia en la conversación pública. La cicatriz de 77.000 hectáreas tardará años en cerrarse.
