Miguel Chavarría lleva casi veinte años al frente de Alboraya y no tiene intención de dejarlo. El alcalde socialista, que afronta la recta final de su cuarto mandato, ya ha confirmado que volverá a presentarse en 2027 con un argumento que resume en una frase: quiere cerrar un ciclo.
Pero cerrar un ciclo, en su caso, no significa despedirse. Significa culminar. Entre el presente y las próximas elecciones, Chavarría tiene pendiente una agenda de proyectos que considera inacabados —urbanísticos, sociales, identitarios— y que, según él, justifican pedir a los vecinos de Alboraya un quinto mandato consecutivo.
Un balance de legislatura marcado por el saneamiento económico
El primer argumento que esgrime Chavarría cuando hace balance es económico. Durante años, el Ayuntamiento arrastró una deuda que condicionó cualquier decisión de gasto. Ahora, según el alcalde, ese lastre está a punto de quedar atrás. Sanear las cuentas no es un logro vistoso, pero es el que hace posibles todos los demás.
Sobre esa base más sólida se han construido mejoras concretas. En educación, el municipio ha renovado prácticamente todos sus colegios públicos. El hito más próximo es la apertura del nuevo instituto público de La Patacona, a punto de entrar en funcionamiento, que Chavarría presenta como uno de los grandes logros de la legislatura.
La seguridad también ha sido prioritaria. La Policía Local se ha reforzado y se ha puesto en marcha un dispositivo de vigilancia específico en la huerta mediante drones —una apuesta que combina tecnología y presencia policial para proteger un espacio con tanto valor económico como identitario para Alboraya.
En las playas, el municipio ha mejorado servicios con fondos europeos del Plan de Sostenibilidad Turística en Destino. Esa financiación externa ha permitido actuaciones que el presupuesto municipal difícilmente habría podido asumir solo.
Vinival y Port Saplaya: los grandes proyectos urbanísticos pendientes
Si hay un proyecto que Chavarría quiere ver culminado antes de 2027, ese es Vinival. La tramitación está muy avanzada y solo queda pendiente el último visto bueno de la Conselleria de Medio Ambiente. El alcalde no quiere que se quede a medias en el tramo final de un proceso largo.
Junto a Port Saplaya, este desarrollo va más allá de las nuevas viviendas. Ambos proyectos permitirán al Ayuntamiento obtener suelo dotacional para equipamientos que el municipio necesita: colegios, centros de salud, espacios públicos. El crecimiento, aquí, viene acompañado de infraestructura real.
El PAI Ronda Norte representa, en la práctica, el límite del crecimiento urbano permitido en Alboraya. Más allá está la huerta protegida, y Chavarría no plantea tocarla. La estrategia es desarrollar primero el suelo urbano ya clasificado antes de pensar en expandirse sobre el territorio agrícola.
La vivienda, el problema que obliga a actuar con urgencia
El precio de la vivienda es, para Chavarría, el problema más urgente que enfrenta el municipio. Muchos jóvenes de Alboraya se ven obligados a marcharse porque no pueden permitirse quedarse. Ese éxodo silencioso preocupa al alcalde tanto como cualquier indicador económico.
La respuesta municipal va en varias direcciones. Alboraya ha solicitado ser declarada zona tensionada y aprobará una moratoria para nuevas licencias de viviendas turísticas, con el objetivo de aliviar la presión sobre un mercado que se ha tensado de forma notable en los últimos años.
Dentro del casco urbano, el Ayuntamiento ha activado instrucciones urbanísticas para reactivar solares paralizados. Según Chavarría, ya se nota movimiento en promociones que llevaban años detenidas. Los grandes desarrollos previstos incluirán suelo específico para vivienda protegida, lo que abre una vía para que los vecinos con menos recursos puedan acceder a una vivienda en el municipio.
La DANA como punto de inflexión en la gestión de emergencias
Alboraya no sufrió daños directos durante la DANA de octubre de 2024, pero el episodio transformó la forma de entender las emergencias en toda la Comunitat Valenciana. Un municipio atravesado por el Carraixet no puede ignorar lo que ocurre cuando un barranco vecino se convierte en una amenaza letal.
El Cecopal se activa ahora ante lluvias intensas y también ante olas de calor. El municipio mantiene coordinación permanente con los ayuntamientos por los que discurren el Carraixet y el Palmaret. La prevención ha dejado de ser un protocolo formal para convertirse en una práctica real.
Chavarría reclama a la Confederación Hidrográfica del Júcar que extienda hasta Alboraya los trabajos de limpieza de cañas invasoras ya realizados en municipios del interior. Mientras tanto, el Ayuntamiento ha acondicionado con fondos europeos el tramo final del Carraixet: ha eliminado especies invasoras, plantado vegetación autóctona y creado zonas de recreo. Una intervención de alcance limitado, pero visible.
Preservar la identidad frente al crecimiento metropolitano
Crecer sin diluirse es el reto de cualquier municipio en el área metropolitana de València. Chavarría lo sabe y lo repite: Alboraya no puede convertirse en una prolongación de la capital. Para evitarlo, apuesta por lo que considera señas de identidad propias —la huerta, la horchata, el comercio de proximidad— como anclas frente a la homogeneización metropolitana.
La programación cultural y el tejido asociativo funcionan como pegamento social. Decenas de asociaciones participan en las fiestas del municipio y la agenda cultural se ha convertido, según el alcalde, en un referente comarcal. Son los vínculos que hacen que un vecino se sienta de Alboraya y no simplemente de las afueras de València.
El proyecto de consolidar Alboraya como capital mundial de la horchata es, a la vez, una apuesta económica y una declaración de intenciones. En 2027, Chavarría pedirá a los vecinos que valoren la gestión local por encima de la polarización nacional. Su argumento es directo: que voten pensando en qué Alboraya se ha construido y qué Alboraya quieren para el futuro. Lo que ocurra entonces dirá mucho sobre si casi veinte años al frente de un municipio son un activo o un lastre.
