Al sur de la provincia de Alicante, antes de llegar a Torrevieja, Guardamar del Segura concentra más de 11 kilómetros de litoral donde la arena, las dunas y una extensa masa forestal conviven frente al Mediterráneo. No es el perfil habitual de costa urbanizada: aquí el paisaje natural sigue marcando el ritmo.
En el extremo meridional de ese litoral aparece Les Ortigues, un arenal de arena fina y dorada que se extiende casi 1.500 metros junto a un sistema dunar cubierto de vegetación. Un tramo de costa que, antes de cruzar al término de Torrevieja, conserva una imagen en la que las construcciones apenas tienen presencia.
Un arenal que empieza donde termina la ciudad
Les Ortigues ocupa el extremo sur del litoral de Guardamar, en el límite con el término municipal de Torrevieja. Sus 1.457 metros de longitud están formados por arena fina de color dorado, y la playa actúa como frontera natural entre las zonas más urbanizadas del municipio y los tramos donde el paisaje apenas ha sido transformado.
Esa transición define buena parte de su carácter. Las construcciones retroceden. Las dunas cubiertas de vegetación toman el protagonismo justo detrás de la orilla, y ese cambio se percibe desde el primer paso.
En verano, Les Ortigues ofrece servicios básicos y cuenta con Bandera Azul. Fuera de temporada, el arenal recupera una calma que permite recorrerlo sin aglomeraciones, con el Mediterráneo al frente y la pinada cerrando el horizonte por el otro lado.
Cómo el viento da forma al paisaje
La morfología de Les Ortigues no es casual. El viento desplaza la arena desde el mar hacia el interior, donde se acumula y forma elevaciones que, con el tiempo, quedan fijadas gracias a la vegetación que crece sobre ellas. Un proceso activo y continuo, visible en cualquier punto del tramo.
El resultado es un cordón dunar que conecta la línea de playa con la pinada adyacente. Detrás de la arena, el relieve cambia y la cubierta vegetal marca el paso de un entorno a otro.
Esta dinámica explica por qué Les Ortigues y la playa de El Camp, situada más al norte, forman el tramo con mayor presencia dunar en relación con el entorno urbano. En los dos casos, la interacción entre arena, viento y vegetación sigue siendo el factor principal que moldea el paisaje.
La Pinada de Guardamar: 800 hectáreas nacidas de una emergencia
El bosque que hoy bordea la costa de Guardamar no existía hace poco más de un siglo. A finales del siglo XIX, el avance de las dunas amenazaba cultivos y viviendas, y la situación exigió una respuesta a gran escala. Se puso en marcha un proyecto de repoblación forestal que transformó por completo el perfil del municipio.
Entre 1900 y 1930 se plantaron más de 600.000 ejemplares de pinos, palmeras, cipreses y eucaliptos. La intervención logró frenar el avance de la arena y consolidar una masa forestal que hoy ocupa unas 800 hectáreas.
La pinada y el sistema dunar forman ahora un conjunto continuo que da carácter propio a toda la costa de Guardamar. Lo que comenzó como una medida de emergencia se convirtió, con el tiempo, en uno de los elementos más reconocibles del litoral alicantino.
Once kilómetros de litoral, cinco Banderas Azules
El frente marítimo de Guardamar supera los 11 kilómetros y reúne playas con perfiles muy distintos. Al norte del río Segura se encuentra la Platja dels Tossals, un arenal naturista de 1.661 metros. Más cerca del casco urbano aparecen Els Vivers, Centre, La Roqueta y Montcaio, con paseo marítimo y mayor nivel de servicios. El municipio acumula cinco Banderas Azules, lo que refleja una combinación poco frecuente: servicios consolidados en algunos tramos y conservación natural en otros.
Les Ortigues y El Camp representan el extremo más natural de ese conjunto. Son los dos arenales donde el cordón dunar tiene mayor presencia y donde la distancia respecto al entorno urbano resulta más perceptible desde la orilla.
Más allá de la arena: arqueología e historia en Guardamar
El litoral no agota lo que Guardamar tiene que ofrecer. En su territorio se conservan yacimientos declarados Bien de Interés Cultural que documentan siglos de ocupación humana. La Rábita Califal es un conjunto de 23 espacios destinados a la oración de época andalusí. La Fonteta, de origen fenicio, preserva estructuras defensivas y una vía perimetral que rodea el antiguo asentamiento portuario.
En el cerro del Castell, los trabajos arqueológicos han documentado ocupación fenicia, íbera, romana, islámica y cristiana. El conjunto fue destruido por los terremotos de 1829 y hoy está protegido como Bien de Interés Cultural.
El Parque Reina Sofía y la desembocadura del Segura completan un recorrido que combina litoral, bosque y patrimonio en un mismo término municipal. Al final de ese recorrido, en el extremo más meridional, Les Ortigues cierra la costa de Guardamar con sus dunas, la pinada al fondo y una franja de arena dorada donde el viento sigue trabajando en silencio, igual que lleva haciendo durante siglos.
