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Picas, tambores y fe: el ejército de la Virgen que lleva casi tres siglos desfilando por un pueblo de Guadalajara

by Paula Gutiérrez
17 de julio de 2026
in Historia
Procesión militar religiosa con uniformes del siglo XVIII y picas en calles empedradas de Guadalajara

Más de seiscientos participantes desfilan con uniformes del siglo XVIII portando picas y el estandarte de la Virgen del Carmen por un pueblo medieval de Guadalajara.

Cada julio, las calles de Molina de Aragón despiertan al redoble de pífanos y tambores. El metal de las picas y alabardas resplandece bajo el sol de Guadalajara mientras más de seiscientos personas avanzan en formación hacia la iglesia. Visten uniformes del siglo XVIII. Portan divisas y galones. Marchan con la disciplina de un regimiento.

Este pueblo de 3.200 habitantes, encajado en el corazón de Castilla y famoso por sus inviernos gélidos, alberga algo que no encaja fácilmente en ningún molde: un ejército que no va a la guerra, pero que tampoco ha dejado de desfilar en casi tres siglos.

Un ejército que no va a la guerra, pero que tampoco olvida

El 17 de julio es la fecha más señalada del calendario en Molina de Aragón. Los cofrades se concentran en la plaza del Ayuntamiento junto a las autoridades civiles, desfilan hasta la iglesia y celebran una misa solemne. Luego la procesión recorre las calles antes de que la imagen de la Virgen regrese a la parroquia de San Gil. Todo ello vestidos como soldados del siglo XVIII.

Detrás del desfile hay personas con vidas corrientes. José Luis Viorreta es teniente de la banda de cornetas y tambores, bombero forestal de profesión y cronista de la villa por vocación; pertenece a la Orden desde que nació, hace 46 años. Francisco Javier Sagüillo ocupa el cargo de coronel jefe y es, además, teniente coronel del Ejército de Tierra: el único militar profesional entre los cofrades.

La cofradía es, según sus propios miembros, única en España y posiblemente en Europa. Ninguna otra hermandad religiosa conocida combina una estructura estrictamente militar con una finalidad devocional. Y hay una paradoja que cuesta ignorar: rinden honores a la patrona de la Armada en un pueblo situado a más de 200 kilómetros del puerto más cercano.

El germen medieval y las seis mujeres que plantaron la semilla

El origen de la Orden tiene dos capas: la leyenda y el documento. La primera remite al siglo XIII y a los llamados Caballeros de doña Blanca, hombres de armas al servicio de Blanca Alfonso, señora de Molina, conocidos por sus monturas blancas, su lealtad al rey y su armamento propio. Durante siglos la institución evolucionó entre ordenanzas militares y religiosidad, hasta que Carlos III la disolvió en 1768.

La cofradía actual, sin embargo, parece tener un origen distinto. Las últimas investigaciones sugieren que no desciende directamente de aquellos caballeros, aunque la conexión simbólica persiste en la memoria colectiva del pueblo.

El punto de arranque documentado es 1670. Ese año, seis mujeres se reunieron en una casa de Molina para vivir bajo la regla carmelitana. El frío extremo y otras dificultades las obligaron a marcharse, pero la semilla ya estaba plantada. En las décadas siguientes, vecinos y sacerdotes extendieron la devoción a la Virgen del Carmen por toda la comarca, y sobre esa base 63 personas fundaron formalmente la Esclavitud Militar de Nuestra Señora del Carmen el 15 de mayo de 1740. La Iglesia reconoció la institución mediante bula papal.

Napoleón llegó con antorchas; ellos salvaron a la Virgen

La Guerra de la Independencia puso a prueba la resistencia de la Orden. Muchos cofrades se integraron en el Batallón de Ligeros del Real Señorío de Molina para combatir a las tropas francesas, y lucharon hasta que, en 1810, los soldados napoleónicos entraron en el pueblo.

La destrucción fue enorme: las tropas quemaron la antigua iglesia donde había nacido la cofradía y arrasaron más de 600 casas. El pueblo quedó gravemente dañado. Los cofrades respondieron trasladando la imagen de la Virgen a Piqueras y los ángeles a Campillo para ponerlos a salvo.

Ese episodio condensa algo esencial en la historia de la hermandad. Frente a la violencia y la pérdida, eligieron proteger lo que consideraban más valioso. La imagen sobrevivió. La cofradía también.

Ordenanzas militares, galones y fe: así funciona la Orden hoy

Casi tres siglos después, los reglamentos fundacionales siguen vigentes sin modificaciones sustanciales. Los cargos van de coronel a soldado, los uniformes llevan los colores del Carmelo y cada miembro porta sus divisas y galones. El órgano de gobierno se divide en Junta Directiva, Junta de Plana Mayor y Junta General: un esquema muy similar al de un regimiento del Ejército Español.

La pertenencia a la Orden es, en muchos casos, una herencia familiar. Hijos, padres y abuelos ingresan desde pequeños, y la institución se convierte en parte del tejido identitario de Molina de Aragón. No es solo una cofradía: es una forma de entender quiénes son y de dónde vienen.

Centinelas de la espiritualidad en tiempos de laicismo

El coronel Sagüillo lo expresa con claridad: en una sociedad cada vez más secular, los miembros de la Orden se ven a sí mismos como guardianes de la piedad y la tradición religiosa. No como una reliquia del pasado, sino como una presencia activa en el presente.

El lema de la cofradía resume esa misión en cuatro palabras: «Religiosidad y tradición». No es un eslogan vacío. Es la síntesis de lo que han hecho durante casi 300 años: mantener viva una forma de fe que integra historia local, identidad colectiva y la memoria de los conflictos que marcaron a sus antepasados.

Cada julio, cuando los tambores vuelven a sonar en las calles de Molina de Aragón, vale la pena preguntarse qué hace que una institución sobreviva guerras, invasiones y siglos de cambio. La respuesta quizás no está en las ordenanzas ni en los uniformes. Está en que, para quienes marchan, aquello significa algo que ningún decreto puede disolver.

Tags: cultura españolaFiestasHistoriaMolina de AragónprocesióntradiciónVirgen del Carmen
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