Fundada en el 227 a.C. por el general cartaginés Asdrúbal y rebautizada Cartago Nova por los romanos, Cartagena acumula más de dos milenios de historia en cada esquina. Aun así, sigue pasando desapercibida para muchos viajeros que prefieren otros destinos mediterráneos de mayor renombre.
La paradoja es difícil de ignorar: en apenas una manzana del centro es posible toparse con restos de muralla púnica, un teatro romano con capacidad para 7.000 espectadores y fachadas modernistas de principios del siglo XX. Una ciudad que, según quienes la visitan, supera con creces las expectativas.
Un teatro romano que dormía bajo la ciudad
Durante siglos, miles de personas caminaron sobre él sin saberlo. El Teatro Romano de Cartagena permaneció enterrado bajo el subsuelo urbano hasta que el arqueólogo Sebastián Ramallo Asensio lo descubrió en 1988. El hallazgo resultó monumental: un teatro construido entre los años 5 y 1 a.C. con capacidad para unos 7.000 espectadores.
Hoy se accede a él a través del Palacio de Riquelme, en la Plaza del Ayuntamiento, junto a la antigua iglesia de Santa María la Vieja. El conjunto forma un museo que recorre la historia del monumento y expone las piezas halladas durante las excavaciones.
Lo más notable es el trayecto previo. Un pasillo subterráneo atraviesa el subsuelo de la ciudad con restos arqueológicos a ambos lados, y cuando el espacio se abre y el teatro aparece de golpe, el efecto resulta difícil de olvidar.
Más de 2.000 años de historia a pie de calle
El Teatro Romano es solo uno de los muchos estratos históricos visibles en Cartagena. La Muralla Púnica conserva los restos de la fundación cartaginesa del año 227 a.C., y su Centro de Interpretación permite comprender ese periodo fundacional con claridad.
A pocos metros, la Casa de la Fortuna es una domus romana del siglo I a.C. situada literalmente bajo un edificio moderno. En su interior se conservan mosaicos originales y pinturas murales. El nombre proviene de la inscripción Fortuna propitia —buena suerte— grabada en uno de sus mosaicos.
El Barrio del Foro Romano, a los pies del Cerro del Molinete, figura entre los yacimientos arqueológicos urbanos más importantes de España. Allí pueden recorrerse una calzada romana y los restos de termas, el edificio del atrio y un santuario dedicado a la diosa Isis.
El Castillo de la Concepción ofrece algo distinto para cerrar el recorrido: un Centro de Interpretación que abarca 3.000 años de historia de la ciudad y unas vistas panorámicas al puerto que justifican por sí solas la subida.
El puerto y el patrimonio militar: de submarinos a baterías costeras
Cartagena fue durante siglos una plaza militar estratégica, y esa herencia sigue muy presente. Al llegar al Paseo de Alfonso XIII, lo primero que llama la atención es la réplica del Submarino Peral, diseñado por Isaac Peral: el primer submarino militar eléctrico de la historia.
Junto al puerto, el Museo Nacional de Arqueología Subacuática —conocido como ARQUA— alberga una de las colecciones más singulares del país. Entre sus fondos figura el llamado «tesoro del Odyssey»: más de 570.000 monedas de oro y plata recuperadas de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, hundida en 1804.
El paseo por el puerto permite también descubrir esculturas y llegar hasta la Puerta del Arsenal, base naval histórica de la armada española. Para quienes dispongan de coche, merece la pena acercarse hasta el Cabo Tiñoso para ver la Batería de Castillitos. Construida entre 1933 y 1936 con una arquitectura que imita el color de la roca, hoy es uno de los mejores miradores al atardecer sobre la bahía.
Modernismo, tapas y el centro histórico que renació tras los bombardeos
A finales del siglo XIX, las tropas centralistas bombardearon Cartagena y dejaron gran parte del centro destruido. La reconstrucción corrió a cargo de la burguesía minera, que aprovechó su nuevo poder económico para levantar palacetes inspirados en el modernismo catalán.
El resultado es una ruta arquitectónica que pocos anticipan. La Casa Maestre, inspirada en la Casa Calvet de Gaudí, el Palacio de Aguirre, el Gran Hotel y el Palacio Consistorial —con su fachada de mármol blanco y cúpulas de zinc— conforman un recorrido que sorprende a quienes no lo esperaban.
La Plaza del Ayuntamiento articula el encuentro entre esa arquitectura modernista y el acceso al Teatro Romano. Desde allí, la calle Mayor concentra buena parte de la oferta gastronómica: las tapas Marinera, Matrimonio y Primera Comunión son ya iconos locales que conviene probar sin prisa.
Cuándo ir, cuánto tiempo quedarse y qué playa no perderse
La primavera y el otoño son las mejores épocas para visitar Cartagena. Las temperaturas son más suaves y los monumentos se disfrutan sin el calor intenso del verano murciano. Un detalle práctico que conviene tener en cuenta: evitar los lunes, cuando monumentos y museos permanecen cerrados, lo que puede desbaratar buena parte del recorrido planificado.
Con medio día es posible ver los principales atractivos, pero lo recomendable es pernoctar para explorar con calma y reservar tiempo para las playas. Cala Cortina, a 15 minutos en coche del centro, fue elegida segunda mejor playa de España por los lectores de Condé Nast Traveler. Sus aguas tranquilas y cristalinas son el contrapunto perfecto a tanto patrimonio histórico.
Cartagena lleva décadas esperando el reconocimiento que le corresponde. Con cada nueva excavación, con cada monumento restaurado, la ciudad revela capas que otros destinos mediterráneos simplemente no tienen. Quien la visita una vez raramente se queda con las ganas de no volver.
