El denso silencio del desierto de Mahoya se rompe con un grito por el walkie-talkie: «¡Silencio… vamos a rodar!». En segundos, las grúas, los drones y un equipo técnico al completo transforman ese paisaje casi lunar en la frontera entre México y Estados Unidos, o en Mauritania, para una producción de Movistar Plus+.
Lo que antes era una rareza en la Región de Murcia empieza a parecerse a la normalidad.
De la rareza a la rutina: la evolución de los rodajes en Murcia
Durante décadas, un rodaje en la Región de Murcia era casi un acontecimiento. Las producciones llegaban de forma esporádica, cada dos o tres años, sin dejar estructura estable detrás. Eso ha cambiado de forma notable en muy poco tiempo.
En 2024 se gestionaron una treintena de proyectos: largometrajes como Venom: el último baile y Los Futbolísimos 2, documentales y campañas publicitarias. En 2025 la cifra rozó el medio centenar. Entre las producciones destacadas figuraron la superproducción de Hollywood F.A.S.T., que convirtió Murcia capital en las calles de Budapest, un capítulo de The Walking Dead: Daryl Dixon, la última temporada de El inmortal y la serie de Netflix Toda la verdad sobre mis mentiras.
Para 2026, el objetivo es alcanzar cerca de 75 producciones. La mayoría ya se han filmado, y varias permanecen en negociación bajo estricta confidencialidad. Cualquier filtración puede desbaratar meses de trabajo y enviar el proyecto a otro país.
La estrategia detrás del despegue: ventanilla única e incentivos escalonados
Este crecimiento no es fruto del azar. Responde al trabajo sostenido de la Film Commission regional, que ha actuado sobre varios ejes: promocionar las localizaciones en ferias del sector, crear líneas de ayudas y agilizar los trámites administrativos, reduciendo así los tiempos que históricamente ahuyentaban a las productoras.
La red de oficinas Film Office, presente en más de 40 municipios, facilita autorizaciones complejas: uso del espacio público, acceso a parajes protegidos o manejo de explosivos. Para las productoras, esa agilidad resulta determinante a la hora de elegir destino.
La estrategia también fue deliberadamente escalonada. Primero se atrajeron rodajes pequeños, luego medianos y finalmente grandes producciones. Según el director general de la Film Commission, Manuel Cebrián, centrarse desde el principio solo en los grandes proyectos no habría generado la estructura empresarial local que interesaba consolidar. En diciembre, el Gobierno regional destinó 5 millones de euros a fortalecer esa industria. Un estudio de la Spain Film Commission calcula que el retorno es de nueve euros por cada euro invertido en el sector.
Los paisajes que seducen a Hollywood: de Abanilla a la costa de Cartagena
La Región ofrece más de 400 enclaves disponibles para rodar. Lo que más sorprende a quienes llegan de fuera no es solo la variedad, sino la proximidad entre paisajes radicalmente distintos.
El desierto lunar de Abanilla, la costa de Cartagena, Mazarrón y Águilas, y las zonas mineras de La Unión concentran la mayor demanda. En pocos kilómetros es posible pasar de un paisaje árido a una costa mediterránea o a una arquitectura industrial singular. Como señala Cebrián, «a priori se puede pensar que el tamaño de la Región puede ser un inconveniente, y sin embargo es una de sus ventajas».
Esa compacidad reduce costes logísticos y supone una ventaja competitiva frente a otras comunidades. A ello se suman más de 3.000 horas de luz al año, argumento cada vez más presente en las negociaciones con productoras nacionales e internacionales.
Las brechas que frenan la consolidación: formación, infraestructuras y hoteles de cinco estrellas
El crecimiento es real, pero también lo son sus límites. La Región carece de platós propios y de infraestructuras hoteleras de alto nivel, algo que las grandes producciones internacionales exigen sin excepción. «No los puedes meter en cualquier sitio», advierte Domingo Egea, CEO de Grupo Immersive.
La formación técnica local es otra asignatura pendiente. Desde AMMA Murcia, su presidenta Cecilia Ibáñez señala que es indispensable reforzar los perfiles especializados para reducir la dependencia de profesionales externos, e impulsar incentivos fiscales estables que generen una economía audiovisual duradera para los creadores murcianos.
Grupo Immersive trabaja en un proyecto concreto: construir estudios de gran formato en Cabezo de Torres que actúen como plató satélite de la Ciudad de la Luz, ubicada a apenas 60 kilómetros. La idea no es competir con esa infraestructura, sino conectarse a ella.
¿Plató de paso o hub audiovisual permanente?
La pregunta que define el futuro del sector es clara: ¿Murcia quiere ser un escenario de una semana o un destino donde las producciones se instalen durante meses?
Egea lo formula sin rodeos: «La Región debe aspirar a fijar rodajes largos, que será lo que deje dinero de verdad». Para eso, apunta a la articulación de un fondo de inversión audiovisual regulado por la CNMV y a alianzas con empresas tecnológicas y de estudios virtuales. La Consejería de Cultura también mira más allá de los rodajes en sí: antes de que acabe el año prevé desarrollar rutas turísticas ligadas a los escenarios más reconocibles, con el objetivo de atraer tanto al cinéfilo como al viajero convencional.
Lo que venga dependerá de la coordinación entre inversión privada con visión a largo plazo, apoyo público estable y capacitación progresiva del tejido local. Si esos elementos avanzan a la vez, la próxima vez que un walkie-talkie rompa el silencio del desierto de Mahoya puede que sea para una producción que lleve meses instalada en la región, y no solo de paso.
