Las exportaciones españolas superaron los 201.000 millones de euros en el primer semestre, la segunda cifra más alta de la historia. Un titular que invita al optimismo.
Pero los datos cuentan otra historia. Con una inflación que rozó el 4% en julio, ese crecimiento nominal se evapora al descontar los precios: en términos reales, las ventas al exterior están, en el mejor de los casos, estancadas. España acumula ya 15 meses consecutivos con una inflación superior a la media de la eurozona, y la brecha, lejos de cerrarse, sigue abriéndose.
Un diferencial que no cede
España lleva 15 meses consecutivos con una inflación por encima de la media de la eurozona. No es una anomalía puntual: es una tendencia que se ha intensificado en los últimos meses sin señales claras de corrección.
En julio, el IPC armonizado español alcanzó el 3,9%, un punto por encima del 2,9% registrado en el conjunto de la zona euro, según confirmó Eurostat. Un mes antes, la distancia ya era significativa. La brecha no se cierra; se agranda.
El contexto energético explica parte del problema. Desde el inicio del conflicto en Irán, los precios de la energía se dispararon un 10,3% en julio en toda Europa, pero ese choque golpea con más fuerza en España que en el resto del bloque. Las medidas anticrisis desplegadas por el Gobierno no han logrado reducir la distancia respecto a los socios comunitarios.
Exportaciones récord en papel, estancadas en la práctica
Los 201.133 millones de euros exportados entre enero y junio representan la segunda cifra más alta de la historia para ese período. El dato impresiona. El análisis, bastante menos.
Con una inflación del 3,6% en junio y del 3,9% en julio, un crecimiento nominal de las exportaciones del 2% implica una caída en términos reales. Los precios suben más rápido que las ventas, y el volumen exportado, en la práctica, se estanca o retrocede levemente.
El Club de Exportadores e Inversores lo ha expresado sin ambigüedades. Su presidente, Antonio Bonet, advirtió que «el hecho de que las exportaciones españolas lleven varios años creciendo por debajo de la inflación supone que en la práctica nuestras ventas de productos al exterior están estancadas, o incluso decreciendo levemente».
Los datos trimestrales refuerzan esa lectura: las exportaciones solo crecieron un 0,3% en el segundo trimestre, frente al 2,1% de las importaciones. Esa divergencia presiona el saldo comercial y revela una pérdida de tracción exterior que los titulares semestrales tienden a ocultar.
La brecha con Alemania, Francia e Italia
El diferencial español no es abstracto. Se mide en puntos concretos respecto a los principales compradores de productos españoles.
España supera en 1,1 puntos la inflación armonizada de Alemania, que en julio se situó en el 2,8%. Mayor es la distancia con Francia —1,5 puntos, dado que el IPC armonizado francés cerró julio en el 2,4%— y de un punto con Italia, tras moderarse el índice italiano hasta el 2,9%.
Esos tres mercados concentran más de 68.000 millones en compras de bienes españoles, cerca del 63% de todo lo que España exporta a la eurozona. Que sus productos se encarezcan menos los hace más competitivos dentro del mercado interior europeo, en detrimento de los españoles. El diferencial también opera en sentido inverso: empresas alemanas, francesas o italianas con costes más contenidos pueden ganar cuota en el propio mercado español, donde sus precios resultan comparativamente más atractivos.
El superávit comercial se estrecha
El saldo comercial con la zona euro sigue siendo positivo, pero con menor margen. En el primer semestre, España registró un superávit de 12.464 millones de euros con los países del euro, un 4,1% inferior al del mismo período de 2025.
La causa es directa: las exportaciones a la zona euro crecieron un 3,3% entre enero y junio, pero las importaciones lo hicieron un 4,4%, según el Ministerio de Economía. Cuando las compras crecen más rápido que las ventas, el margen se estrecha. El crecimiento del PIB en el segundo trimestre, un 0,7%, se sostuvo principalmente en el consumo de los hogares —que avanzó un 3,2% interanual— y en la inversión, que creció un 4,7%. El sector exterior aportó poco, y esa dependencia del consumo interno encierra una fragilidad evidente.
El horizonte: más presión energética y menos margen
Las perspectivas no ofrecen alivio inmediato. El petróleo cotiza en torno a los 92 dólares por barril, acumula diez subidas en once jornadas y se sitúa muy por encima de los 70 dólares a los que cotizaba antes del estallido del conflicto en Oriente Próximo.
El bloqueo del estrecho de Ormuz añade incertidumbre sobre el suministro energético y las cadenas de materias primas. Mientras esa situación persista, las presiones inflacionarias difícilmente remitirán a corto plazo. Para España, los próximos trimestres plantean un escenario de mayor vulnerabilidad: la combinación de inflación persistente, energía cara y superávit comercial a la baja no se corrige en pocas semanas. Lo que conviene vigilar es si el diferencial con la eurozona comienza a moderarse o si, por el contrario, sigue ampliándose. De esa evolución dependerá en buena medida la salud real del sector exportador español.
