Millones de conductores regresan esta semana de vacaciones y se encuentran con los surtidores más caros del año. El diésel ronda los 1,85 euros por litro y la gasolina 95 supera los 1,72 euros, frente a los 1,51 y 1,53 euros que marcaban a finales de junio. En apenas dos meses, llenar el depósito se ha convertido en un gasto sensiblemente mayor para las familias españolas.
Detrás de esa subida acumulada hay semanas de tensión creciente en los mercados energéticos internacionales, sin que se vislumbre una salida próxima al conflicto que la alimenta.
Un verano de subidas sin freno en los surtidores
Lo que comenzó como una escalada moderada en julio se ha asentado como una tendencia sostenida. El gasóleo A ha subido casi un 24% desde el inicio del verano; la gasolina 95 E5, cerca de un 20%. En cifras concretas: el diésel pasó de 1,53 euros por litro a finales de junio a los 1,85 euros actuales, y la gasolina de 1,51 a 1,72 euros, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica.
Ambos carburantes han cerrado agosto muy cerca de los máximos de marzo y abril. No es un episodio puntual, sino el resultado de semanas de presión acumulada sobre los mercados energéticos.
La operación retorno de este año llega con el depósito más caro en mucho tiempo. Las familias que ya habían ajustado su presupuesto durante el verano afrontan ahora un gasto adicional que nadie había previsto.
Ormuz, el cuello de botella que lo condiciona todo
El origen de esta escalada hay que buscarlo lejos de los surtidores españoles. El bloqueo persistente del estrecho de Ormuz, por donde transita una parte decisiva del petróleo mundial, mantiene una presión constante al alza sobre el crudo a escala global.
El Brent para entrega en noviembre ha vuelto a la cota de los 90 dólares por barril. Llegó a relajarse brevemente por debajo de los 80 dólares los días 4 y 5 de agosto, pero el reinicio de los ataques entre Estados Unidos e Irán y la ausencia de negociaciones volvieron a empujar el precio hacia arriba. El crudo es hoy un 30% más caro que a finales de febrero, antes del inicio de la guerra.
Los expertos son claros: cuanto más tiempo persista el bloqueo del estrecho, mayor será el impacto sobre los precios energéticos y, por extensión, sobre la inflación.
La cláusula de salvaguarda entra en acción
El único alivio inmediato llega por vía fiscal. Desde el 1 de septiembre se ha activado automáticamente la cláusula de salvaguarda incluida en el decreto anticrisis del Gobierno, y el gasóleo pasa a tener una bonificación de 20 céntimos por litro en el Impuesto de Hidrocarburos.
El mecanismo es sencillo: el decreto preveía una reducción gradual de las ayudas, pero establecía que si el precio del carburante subía más de un 15% en julio, se activaría ese descuento reforzado. El gasóleo superó ese umbral con un alza del 15,7%.
La gasolina, en cambio, no alcanzó ese nivel. Solo se encareció un 7,3% en julio, así que su bonificación no sube, sino que se reduce: pasa de 10 a 5 céntimos en septiembre. En la práctica, esto podría provocar algo poco habitual: que el precio de la gasolina supere al del diésel por primera vez en el mercado español.
Una inflación que no da tregua: el 4,3% en agosto
La presión en los surtidores tiene su reflejo inmediato en los precios generales. La inflación española ha repuntado hasta el 4,3% en agosto, su nivel más alto en tres años y medio, con el alza de los carburantes como principal motor del dato.
España no es un caso aislado. Eurostat publicará el IPC armonizado de la eurozona correspondiente a agosto, y se espera que los datos de Francia y Alemania muestren una tendencia similar. El INE publicará el desglose completo a mediados de mes, aunque los datos disponibles apuntan ya a un encarecimiento renovado también en septiembre, lo que sugiere que el repunte inflacionista no ha tocado techo.
Un alivio limitado con horizonte incierto
La bonificación activada en septiembre ofrece un margen estrecho. Los descuentos están previstos solo hasta finales de ese mes, y el decreto anticrisis no contempla que la inflación de agosto active nuevas bonificaciones automáticas.
Desde el Ejecutivo se asegura que se mantiene un seguimiento «minuto a minuto» del impacto del conflicto en Irán sobre la economía española. Las medidas concretas más allá de septiembre, sin embargo, siguen sin concretarse.
Lo que venga dependerá, en gran medida, de lo que ocurra en Ormuz. La ausencia de negociaciones y el reinicio de los ataques alejan cualquier perspectiva de normalización a corto plazo. Si el bloqueo se prolonga, la presión sobre el crudo continuará, los carburantes seguirán caros y la inflación tendrá motivos para mantenerse elevada. Ese es el escenario que habrá que seguir de cerca en las próximas semanas.
