Tenía 18 años y apenas había salido del filial cuando Jorge Sáenz se plantó como titular frente a uno de los equipos más en forma de la categoría. No acusó los nervios. No acusó nada. Los veteranos del vestuario lo miraron y notaron algo que cuesta encontrar a esa edad: una calma que no era pose, sino convicción.
«Identificas rápido a la gente que llega y tiene posibilidades de ir a más. Con Jorge me pasó eso. Se veía», recuerda Raúl Cámara, que compartió aquel partido con él como capitán del Tenerife.
El debut que nadie olvidó en el Heliodoro
Enero de 2015. Jorge Sáenz tiene 18 años y todavía está en edad juvenil cuando el Tenerife lo pone de titular. El rival no es cualquiera: es el Sporting de Gijón de los guajes, el equipo que ese año ascendería a Primera División batiendo récords. Un debut así podría haber aplastado a cualquier chico de su edad.
No lo aplastó. Sáenz aguantó el tipo frente a jugadores como Ndi, que anotó el empate definitivo (1-1), y salió del campo con la sensación de haber estado donde tenía que estar. Raúl Cámara, capitán aquella tarde, lo observó desde dentro.
«Era rápido y muy intuitivo. En el vestuario era de los que siempre escuchaba, de los que estaba pendiente de todo lo que le decían los capitanes», recuerda Cámara. Lo que más le llamó la atención no fue la técnica, sino la cabeza. A esas edades, dice, muchos llegan con la mente «como una lavadora». Sáenz no.
Cinco temporadas de crecimiento y un puñetazo sobre la mesa
Lo que siguió fue un proceso de construcción lenta y sólida. Sáenz encadenó cinco campañas en el Tenerife bajo las órdenes de cuatro entrenadores con estilos muy distintos: Álvaro Cervera, Raúl Agné, Pep Martí y Joseba Etxebarría. Con cada uno ganó presencia, con cada uno fue a más.
El momento que Cámara señala como definitivo llegó en el play-off de ascenso ante el Getafe. En la ida de la final, disputada en el Heliodoro, Sáenz marcó el gol que dio la victoria al Tenerife (1-0). Un central joven, en la jugada más importante de la temporada.
«Ser capaz de eso, tan joven… Ahí ya estaba claro que iba a ir para arriba», subraya Cámara. La eliminatoria se perdió después en el Coliseum, donde el Getafe dio la vuelta al marcador (3-1). Pero quienes vivieron aquella actuación no la olvidaron.
Valencia, Celta y Leganés: el camino hasta Gijón
En 2019, el Valencia pagó cerca de 2 millones de euros por él. El precio decía mucho sobre las expectativas. La cesión al Celta le permitió debutar en Primera División, aunque los años que vinieron no fueron sencillos.
«Pasó un par de años complicados, pero después ha vuelto a ser un jugador capital en el Leganés», apunta Cámara. En Butarque, bajo las órdenes de Borja Jiménez, Sáenz recuperó su mejor versión y se convirtió en pieza fundamental del esquema del técnico. Ese vínculo con Jiménez, ahora entrenador del Sporting, pudo ser determinante en su llegada a Gijón.
«Imagino que Borja Jiménez ha tenido que ver en su llegada», señala Cámara. El club gijonés hizo oficial el fichaje como segundo refuerzo de la temporada 2026/27, tras el portero Arana. Sáenz firma hasta 2028.
‘Aguacate’: el apodo que lo persigue con cariño
En Tenerife, muchos no lo llaman Jorge. Lo llaman Aguacate. El origen del mote es físico: su prominente nuez recordaba a sus compañeros la pepita del fruto. Alguien lo dijo en voz alta y el nombre se pegó para siempre.
Al principio, cuenta la historia, hubo algún enfado. Es comprensible. Con el tiempo, sin embargo, el apodo se convirtió en otra cosa: una señal de pertenencia, de afecto, de esos lazos que solo nacen en un vestuario de verdad. Que haya sobrevivido años y kilómetros dice algo sobre el tipo de persona que es Sáenz. Cercano, con sentido del humor, capaz de reírse de sí mismo. Cámara lo describe como alguien con «excelentes valores humanos», centrado e inteligente dentro y fuera del campo.
Lo que espera el Sporting de su nuevo central de jerarquía
Raúl Cámara no escatima en su valoración: si las lesiones le respetan, Sáenz puede ser uno de los mejores centrales de Segunda División. Lo dice alguien que lo ha visto crecer desde los 18 años sin perderle la pista.
Buena salida de balón, juego aéreo solvente, capacidad para ganar duelos. Y algo que no siempre aparece en las estadísticas: la actitud. «Si jugaba, bien, y si no jugaba, también», recuerda Cámara de sus años en Tenerife.
El Sporting recibe a un jugador que ya conoce lo que es ascender, perder una final, debutar en Primera y rehacerse. Esa experiencia acumulada es difícil de fabricar. Para un equipo que quiere estar arriba, Aguacate llega con un bagaje que pocos centrales de su generación pueden acreditar.
