Un nuevo mapa de España revela que no todos sus rincones envejecen igual. Según el índice elaborado por Michel Poulain —demógrafo belga y referente mundial en el estudio de las llamadas zonas azules—, la probabilidad de cumplir 100 años puede triplicarse dependiendo del lugar de nacimiento.
Las cifras más altas se concentran en Soria, La Rioja y Segovia. Las más bajas, en Cádiz, Sevilla y Málaga. Entre ambos extremos existe una brecha que Poulain ha bautizado como «corredor de longevidad» y cuyas causas la ciencia todavía no logra explicar del todo.
El mapa que divide España entre longevos y no tan longevos
El índice que Poulain presentó en Oviedo se denomina Extreme Longevity Index (ELI). Su cálculo es aparentemente sencillo: divide el número de centenarios nacidos en un municipio durante un periodo concreto entre el total de nacimientos registrados en ese mismo lugar y tiempo. La cohorte fue seguida entre 2003 y 2023, y el resultado es un retrato provincial de la probabilidad real de alcanzar los 100 años.
Los extremos del mapa resultan significativos. Soria, La Rioja y Segovia —con Navarra y Guadalajara cerca— encabezan el índice, mientras que Cádiz, Sevilla y Málaga ocupan el extremo opuesto. Madrid aparece en una posición intermedia. La brecha entre el norte y el sur no es marginal: las cifras del corredor norteño triplican las del sur.
España cuenta hoy con cerca de 17.000 centenarios. El 20% de su población supera los 65 años, lo que equivale a unos 10 millones de personas, y el país figura entre los más longevos del mundo. Pero vivir más, como subraya la propia ciencia, no equivale automáticamente a vivir mejor. Poulain presentó este mapa en el congreso de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), celebrado en Oviedo, y fue el punto de partida de un debate que apenas comienza.
¿Por qué viven más en el norte? Las teorías que la ciencia aún no puede confirmar
La pregunta más evidente carece todavía de respuesta definitiva. Poulain señala el clima frío invernal del corredor norteño como posible factor protector, y apunta también a la baja densidad de población: estas zonas han tenido históricamente menos acceso a atención médica, pero sus habitantes parecen haberla necesitado menos, lo que sugiere un mejor estado de salud de partida.
El propio Poulain advierte contra las explicaciones demasiado cómodas. «Al final, cada uno lo explica con lo que tiene. Aquí he mencionado el frío, pero en Francia lo explican con el vino», dijo con ironía. La tentación de encontrar una causa única es comprensible, pero científicamente engañosa.
La longevidad, insiste el demógrafo, es un fenómeno multidisciplinar. Requiere estudios de genética, epigenética, nutrición, microbioma y psicología del estrés —sin perder de vista, en ningún momento, la dimensión humana—. «La longevidad es algo muy reciente para la ciencia», reconoce.
Del concepto ‘zona azul’ al ‘corredor de longevidad’: una idea que evoluciona
Durante décadas, el estudio de la longevidad extrema giró en torno a cinco zonas azules: Cerdeña, Okinawa, Nicoya, Icaria y Martinica. Cinco lugares donde la concentración de centenarios resultaba estadísticamente llamativa. El concepto fue útil como punto de partida, pero Poulain considera que ya no es suficiente.
El «corredor de longevidad» propone un modelo más dinámico. Permite analizar la distribución geográfica de la longevidad teniendo en cuenta la cohesión social, el estilo de vida, el acceso sanitario y la estructura comunitaria. No es un punto fijo en el mapa, sino una franja viva.
El paralelismo entre Segovia y Cerdeña ilustra bien la idea: ambas comparten tradición pastoril y costumbres similares. Cerdeña, además, registra un dato singular: la mitad de sus centenarios son hombres, algo excepcional en un fenómeno dominado globalmente por mujeres. Poulain considera que Galicia y el norte de España pueden calificarse ya como una «living blue zone», y lo respalda con ejemplos concretos, como Eustaquio, un pastor gallego de 106 años que le recordó directamente a los centenarios sardos.
Los factores que sí pueden marcar la diferencia: lo que dicen los centenarios
Más allá de las teorías geográficas, hay patrones que aparecen de forma recurrente entre quienes llegan a los 100 años: comer de manera inteligente, dormir bien, caminar a diario, mantener vínculos familiares sólidos y conservar una perspectiva positiva ante la vida. No son hábitos individuales aislados, sino parte de un entorno compartido donde también pesan la cohesión social, el respeto intergeneracional y el sentido de pertenencia a una comunidad.
Poulain lanzó un mensaje claro a las autoridades sanitarias: la prevención no puede comenzar en la vejez. Debe iniciarse en la infancia. Los padres, dijo, tienen que «saber decir no», porque los hábitos que determinan cómo se envejece se aprenden desde pequeños. La desigualdad norte-sur en esperanza de vida saludable es, además, un reto urgente de salud pública, y la proporción de personas mayores se duplicará en las próximas décadas.
El proyecto Renace: aprender de quienes ya llegaron a los 100
El proyecto Renace, impulsado por la SEMG, es un registro de centenarios españoles que combina biomarcadores obtenidos de plasma y saliva con variables sociodemográficas: la red de apoyo social, la soledad no deseada y otros determinantes de salud que, según sus responsables, influyen tanto como la genética y tienen la ventaja de ser controlables.
La responsable del proyecto, Cristina Santomé, subrayó el papel central de la Atención Primaria. El objetivo es pasar de un modelo reactivo —actuar cuando aparece la enfermedad— a uno proactivo que intervenga antes. En ese esquema, el médico de familia se convierte en el agente clave de la prevención primaria.
El alcance institucional ya se está ampliando. La presidenta de la SEMG anunció en Oviedo un convenio con la Consejería de Sanidad de Galicia para integrar Renace en la historia clínica gallega, donde se llamará Regace, y propuso extender el modelo a Asturias bajo el nombre Reasce.
La visión de fondo es más amplia que la medicina individual. Como resumió Santomé, la longevidad saludable debería ser el «gold standard» de toda una sociedad: una comunidad donde la gente no gasta su energía en curarse tiene más capacidad para desarrollarse y progresar. El corredor de longevidad de Poulain no es solo un mapa del pasado. Es también un espejo en el que España puede mirarse para construir su futuro sanitario.
