España ganó en Guadalajara. Aseguró el primer puesto del grupo. Evitó a Argentina. Y sin embargo, nadie salió del estadio con la sensación de haber visto a la campeona de Europa.
En la grada, el rey Felipe VI celebraba un gol marcado con diez jugadores sobre el césped. En el banquillo rival, Marcelo Bielsa —sentado sobre su nevera de plástico de siempre— asistía al derrumbe de su selección entre patadas y reproches internos. Una noche áspera, incómoda, que no estaba en el guión de nadie.
Una victoria que no se esperaba así
España llegó al partido con un objetivo concreto: cerrar el primer puesto del grupo H y evitar a Argentina en el camino. Luis de la Fuente lo tuvo claro desde el principio y apostó por un once más físico, con Llorente y Mikel Merino en lugar de Porro y Dani Olmo. Dos perfiles más verticales para un partido que podía complicarse. Y se complicó, aunque no de la forma prevista.
El equipo arrancó apagado, en una versión más cercana al tropiezo ante Cabo Verde que a la exhibición frente a Arabia Saudí. El dominio fue constante, pero la sensación de peligro real fue escasa: algunas llegadas de Lamine por la derecha, poca fluidez cerca del área de Muslera, y un Uruguay que mordía sin que el árbitro estadounidense interviniera demasiado. No era la España que había convencido en el torneo.
La pausa de hidratación cortó el ritmo justo cuando Uruguay ganaba confianza. El primer tiempo amenazaba con dejar una preocupación instalada. Entonces llegó el gol.
El gol que nadie vio venir: Baena con diez jugadores en el campo
El momento fue insólito. Oyarzabal estaba fuera del terreno esperando permiso para reingresar, y España tenía diez jugadores sobre el césped. Fue entonces cuando Llorente ganó la línea de fondo y envió un balón al área sin demasiado cálculo, simplemente a ver qué pasaba.
Baena lo leyó mejor que todos los defensores uruguayos. Se hizo un hueco desde el punto de penalti y remató a media vuelta. Muslera hizo el resto: el balón se le escurrió entre las manos, confirmando un Mundial catastrófico para el portero charrúa. Su castigo fue ser sustituido en el descanso. En la grada, el rey Felipe VI celebraba el tanto. Era el gol decisivo, marcado en el momento menos esperado y sin que nadie lo hubiera pedido al guión.
El derrumbe de Uruguay: patadas, rebelión y Bielsa contra todos
La historia de Uruguay esa noche empezó antes del pitido inicial. Sus capitanes habían pedido a Bielsa un planteamiento defensivo y reactivo frente a España. El técnico los ignoró. Fiel a sí mismo, ordenó presionar alto y tratar de gobernar desde la posesión, y sobre el campo sus jugadores fueron decidiendo solos que era más sensato replegarse.
Tras el gol, Uruguay reaccionó de la peor manera: distribuyendo faltas violentas ante la pasividad del árbitro. El juego se llenó de entradas sin castigo. En medio de ese caos, Bielsa tomó una decisión que nadie entendió —retirar a Fede Valverde, su capitán y mejor jugador, en el momento más crítico del partido.
La expulsión de Canobbio cerró una actuación que la crónica calificó directamente de vergonzosa. Uruguay, bicampeona del mundo, se hundía en el desorden. No hubo lesiones entre los españoles, y esa fue la mejor noticia de la noche.
Lo que viene: España en Los Ángeles y el mapa de los favoritos
España ya conoce su siguiente destino: Los Ángeles, el 2 de julio, en los dieciseisavos de final. Su rival será el ganador del partido entre Argelia y Austria. Si ese encuentro termina en empate, el rival sería el equipo europeo.
El primer puesto tiene un valor estratégico considerable, porque le permite a España evitar a Argentina y Brasil hasta una hipotética final. Los de Messi se medirán en la siguiente ronda a la sorprendente Cabo Verde, segunda del grupo H por detrás de España. Uruguay, en cambio, queda eliminada en fase de grupos junto a Arabia Saudí —dos selecciones de peso hundidas en el mismo grupo donde Cabo Verde ha protagonizado la mayor sorpresa del torneo.
Esta noche en Guadalajara deja preguntas que van más allá del resultado. ¿Puede una selección ganar un Mundial sin convencer en la fase de grupos? La historia dice que sí, y España lo sabe bien. Pero también cabe preguntarse si este equipo, capaz de exhibiciones de alto nivel, ha encontrado ya su mejor versión o si todavía la reserva para cuando de verdad importe. Lo de Uruguay es otra historia: la de un equipo que llegó con historia y se fue entre reproches internos. A veces el talento no alcanza cuando el vestuario ya está roto antes de salir al campo.
