El absentismo laboral en España cerró 2025 con una factura de 59.109 millones de euros, casi el doble de lo que costaba en 2019. El dato, elaborado por The Adecco Group Institute a partir de la Encuesta de Costes Laborales del INE, sitúa la tasa de horas perdidas en el 7,6% de las pactadas: el máximo de la serie histórica.
Una de cada doce horas de trabajo acordadas no llega a ejecutarse. Y la cifra lleva años en ascenso.
Una escalada sin freno desde 2019
El punto de partida es 2019: el absentismo laboral costaba entonces 30.171 millones de euros anuales. Seis años después, esa cifra se ha casi duplicado hasta los 59.109 millones —un incremento del 96% que no responde a ningún episodio aislado, sino a una tendencia sostenida que se ha ido consolidando ejercicio tras ejercicio.
Lo más revelador es que la aceleración no da señales de moderarse. Solo entre 2024 y 2025, la factura creció un 11,7%, y la tasa de horas pactadas no realizadas cerró el año en el 7,6%, el máximo de la serie histórica. Cada punto porcentual adicional arrastra miles de millones en costes para empresas y Seguridad Social.
El debate político lleva meses abierto. El Gobierno mantiene una mesa de negociación con patronal y sindicatos que, hasta ahora, no ha producido acuerdos concretos. La presión para actuar crece al mismo ritmo que la factura.
La incapacidad temporal, el motor del gasto
Detrás del coste total hay un componente dominante: las prestaciones por incapacidad temporal, que representan el 78% del gasto, unos 46.105 millones de euros. No se trata de ausencias por accidente laboral ni por condiciones del puesto, sino principalmente de bajas por enfermedad común. La tasa de horas perdidas por este motivo se situó en el 5,95%, también récord histórico.
Las cifras de Adecco superan con claridad las que maneja la CEOE, que cifra el coste total en 34.000 millones. La diferencia responde a metodologías distintas y a qué conceptos incluye cada cálculo: según las organizaciones empresariales, la Seguridad Social asume unos 18.000 millones y las empresas otros 16.000 millones.
Con todo, ambas estimaciones apuntan en la misma dirección. El gasto es elevado, crece y se distribuye entre el sistema público y el tejido productivo privado.
El mapa regional: tasa alta no siempre significa factura alta
El País Vasco, Canarias y Cantabria lideran la tasa de absentismo con un 9,6% de las horas pactadas perdidas. Sin embargo, no son las comunidades que más peso tienen en la factura total. Ese protagonismo corresponde a Cataluña, Madrid y Andalucía, que concentran el 49% del coste: 11.557, 10.290 y 7.410 millones de euros respectivamente.
La explicación es directa: el coste absoluto depende del número de trabajadores afectados, no solo de la tasa media. Cataluña, Madrid y Andalucía cuentan con los mercados laborales más grandes del país, de modo que incluso con tasas moderadas generan un impacto económico considerable. Madrid registra una tasa del 6,6% y Baleares del 6,2%, muy por debajo de la media nacional. El tamaño del mercado laboral resulta tan determinante como el comportamiento de los trabajadores.
Industria, servicios y los sectores más afectados
Por sectores, la industria encabeza la tasa de absentismo con un 8,2%. En términos de coste absoluto, en cambio, los servicios concentran la parte más significativa: 45.096 millones de euros, frente a los 11.087 millones de la industria y los 2.924 millones de la construcción. La diferencia refleja el peso que el sector servicios tiene en el empleo total español.
El crecimiento interanual también es relevante. El coste aumentó un 16% en industria, un 13% en servicios y un 11% en construcción respecto a 2024. Todos los sectores empeoran, aunque la industria acelera con mayor intensidad.
Al analizar por ramas de actividad, las diferencias son notables. Las actividades postales y de correos registran la tasa más alta, con un 13%, seguidas de los servicios de edificios y jardinería, con un 12,5%, el sector del juego y apuestas, con un 12,2%, y las actividades jurídicas y de contabilidad en el extremo opuesto, con un 3,7%. La edición, las inmobiliarias y la informática rondan el 4%.
¿Qué puede frenar la tendencia?
La ministra Elma Saiz explora reformas para contener el coste y reducir el impacto organizativo, especialmente en las pequeñas empresas. Son las más expuestas: disponen de menos margen para redistribuir cargas de trabajo cuando un empleado causa baja, y de menos recursos para gestionar ausencias prolongadas.
Un dato alimenta el debate sobre incentivos y control. Los autónomos registran cuatro veces menos bajas que los asalariados, una diferencia tan pronunciada que resulta difícil atribuirla exclusivamente a factores de salud. Ese contraste es uno de los argumentos que con más frecuencia circulan en las negociaciones entre Gobierno, patronal y sindicatos.
Lo que ocurra a continuación dependerá de si esa mesa de diálogo logra traducirse en medidas concretas. La presión económica existe. El consenso político, por ahora, no. Con la tasa en máximos históricos y el coste acercándose a los 60.000 millones, el margen para seguir sin actuar se estrecha cada año que pasa.
