En Ibiza, ante la Conferencia Política del PP, Mariano Rajoy eligió una fecha como referencia: 1978, el año en que España estrenó su Constitución y cerró la Transición democrática. Invocar ese hito no es un gesto menor.
El expresidente afirmó que el país atraviesa hoy la «mayor etapa de polarización y división» desde entonces, y que el cambio político «es una urgencia nacional». Un diagnóstico que sitúa el momento presente en una escala histórica que pocos dirigentes se atreven a emplear.
Un diagnóstico sin precedentes desde la Transición
Rajoy no eligió sus palabras al azar. Junto al presidente local de la formación, José Vicente Marí, situó el momento actual en una escala que va directamente a 1978: el cierre de la Transición y el nacimiento de la España constitucional. Comparar el presente con ese punto de partida equivale a afirmar que, en casi cinco décadas de democracia, nunca se había llegado tan lejos en la fractura política.
Sus palabras fueron directas: «Este es el periodo más sombrío de la historia moderna de España». Añadió que «se han acabado los calificativos» para describir la situación del Gobierno actual. No es una crítica de gestión ordinaria, sino un juicio sobre la naturaleza misma del momento político.
La elección de Ibiza como escenario tampoco es anecdótica. El PP balear atraviesa un momento de consolidación institucional, lo que convierte el encuentro en un contraste deliberado entre lo que Rajoy considera buen gobierno y lo que denuncia a escala nacional.
La ‘mayoría Frankenstein’ y el déficit democrático
Una de las críticas más concretas apunta a la sostenibilidad del Gobierno. Según el expresidente, el Ejecutivo «pierde las votaciones un día sí y otro también» porque resulta «imposible» avanzar apoyado en una mayoría a la que llama «Frankenstein»: una coalición de partes incompatibles, incapaz de funcionar con estabilidad.
Rajoy va más allá de la aritmética parlamentaria. Denuncia un déficit de «calidad democrática muy grande» en la forma de ejercer el poder, y advierte que hay quienes confunden democracia con la simple obtención de apoyos suficientes para ser elegidos, actuando después sin restricciones.
«La democracia son más cosas», afirmó. Respetar la división de poderes, el poder judicial, la independencia de las instituciones. Una advertencia que no apunta a los resultados de una votación concreta, sino a las reglas del juego que sostienen el sistema entero.
Economía y problemas sociales: el paralelismo con 2010
El expresidente también puso el foco en la economía con una comparación que busca activar la memoria colectiva. Según Rajoy, el Gobierno actual tiene «exactamente» el mismo discurso económico que el presidente Zapatero en 2010, justo antes de que España entrara en una de sus crisis más severas.
El paralelismo no es casual. Ese año permanece en la memoria de muchos ciudadanos como el inicio de los recortes, el rescate y el desempleo masivo.
Los problemas que enumera son estructurales: deuda elevada, salarios bajos, empleo precario, baja productividad. A eso suma el deterioro de los servicios públicos como síntoma de una gestión que no resuelve. Señala además dos asuntos que han escalado en la preocupación ciudadana sin respuesta eficaz: la vivienda y la inmigración. Esta última era, según recordó, la preocupación número 17 de los españoles hace ocho años; hoy ocupa el tercer lugar. «Tomar decisiones sobre eso y resolver problemas es lo que se llama gobernar», afirmó.
La herencia que espera a Feijóo y el llamado al PP
Rajoy no esquivó la pregunta implícita sobre qué encontrará el PP si llega al Gobierno. Su respuesta fue sin adornos: la herencia que recibirá Alberto González Feijóo «va a ser muy mala» y «habrá que recuperar muchas cosas». No es un pronóstico optimista, aunque sí lo acompaña de confianza en su sucesor. Se mostró «absolutamente convencido» de que Feijóo sabrá gestionarla.
Como contraste destacó la gestión del Ejecutivo balear de Marga Prohens. El elogio fue sencillo pero cargado de intención: «Es un gobierno, parece un gobierno y gobierna», a diferencia de «otros que ni son gobierno, ni parecen nada».
A los militantes del PP les pidió firmeza: no hacer «piruetas» por miedo a lo que diga el adversario político. La coherencia, sugirió, vale más que la reacción constante.
Las palabras de Rajoy en Ibiza invitan a una reflexión que desborda la disputa entre partidos. Si un expresidente considera que España vive su momento más oscuro desde la Transición, la pregunta que queda en el aire no es solo quién tiene razón. Es si las instituciones, los ciudadanos y la cultura política del país están a la altura de ese diagnóstico, y si el debate público que merece ese momento está teniendo lugar.
