El centro de Ceuta recuperó ayer una apariencia de normalidad. Pero a pocas calles, decenas de pequeños negocios mantenían las persianas bajadas y los hoteles acumulaban cancelaciones.
Apenas unos días después de la entrada masiva de entre 50.000 y 60.000 inmigrantes irregulares procedentes de Marruecos, el tejido empresarial de la ciudad autónoma empieza a medir el alcance real del golpe. «La economía de Ceuta va a tardar tiempo en recuperarse», advierte Arantxa Campos, presidenta de la Confederación de Empresarios de Ceuta.
Una ciudad paralizada en cuestión de horas
El jueves por la tarde y durante todo el viernes, los comercios y negocios de Ceuta cerraron de forma generalizada. Sin excepciones. La actividad económica entera se detuvo en cuestión de horas.
El sábado comenzaron a reabrir algunos establecimientos, aunque muchos optaron por mantener la persiana bajada. Días después, numerosos pequeños negocios del extrarradio seguían cerrados por una razón concreta: la concentración de personas en las calles. Según la Delegación del Gobierno, unas 2.500 personas aún no habían regresado a Marruecos.
Arantxa Campos, presidenta de la CECE, no deja margen para el optimismo. Advierte de que la economía ceutí tardará tiempo en recuperarse —no habla de días, sino de meses.
La feria cancelada y las pérdidas en cadena
El segundo golpe llegó con la cancelación de la semana de feria, que debía haber arrancado justo cuando la crisis alcanzó su punto álgido. Para la hostelería, el daño fue inmediato: el abastecimiento de las casetas, las compras y la contratación de servicios asociados se perdieron por completo.
Los feriantes cargan además con una presión adicional. Al quedar Ceuta fuera del territorio aduanero de la Unión Europea, el traslado de maquinaria conlleva gastos de aduana que deben asumir aunque no puedan instalar sus atracciones.
La situación se agrava con la Nota Informativa NIN 2/2026, en vigor desde el 1 de julio de 2026. La norma, aprobada por la Sede Desconcentrada de Aduanas de Algeciras, eliminó el tratamiento diferenciado que tenían las mercancías con destino a Ceuta. Desde entonces, los camiones pueden quedar parados hasta dos días, con un coste de unos 300 euros por vehículo inmovilizado.
Las consecuencias se acumulan: parkings desbordados, ferris perdidos, mercancía refrigerada en riesgo, transportistas que se plantean abandonar la ruta. A eso se suman los costes del DUA y las tasas portuarias.
El daño reputacional: turistas que no llegan y visitantes que se van
Este frente es menos visible, pero igual de costoso. Desde el inicio de la crisis, los alojamientos de Ceuta registran una cascada de cancelaciones: quienes tenían previsto llegar, anulan; quienes ya estaban, adelantan su salida.
El efecto se extiende más allá de los hoteles y arrastra consigo los servicios asociados: embarcaciones de recreo, restaurantes, comercios. Según Arantxa Campos, los negocios operan con un 50% menos de clientela potencial.
El impacto resulta especialmente sensible en Ceuta porque el turismo de compras es uno de sus principales motores económicos. La ciudad aplica el IPSI en lugar del IVA, con tipos de entre el 0,5% y el 10%, lo que hace que productos como tabaco, alcohol o electrónica sean notablemente más baratos que en la Península. La práctica totalidad del PIB ceutí proviene del sector servicios: no existe industria ni agricultura que pueda absorber parte del golpe. Cuando el turismo frena, la economía entera lo acusa.
La patronal se moviliza y pide ayudas públicas
Ante este impacto acumulado, la CECE actúa. En reunión de su comité ejecutivo, la confederación ha acordado elevar una reclamación formal de indemnizaciones económicas a las Administraciones Públicas, tomando como base los cierres totales, la cancelación de la feria y las pérdidas turísticas.
El respaldo no tardó en llegar. CEOE, Cepyme y ATA emitieron un comunicado conjunto en el que advirtieron de que «no puede haber inversión sin confianza, ni empleo sin seguridad, ni crecimiento sin certidumbre». La Cámara de Comercio de España exige medidas que garanticen la seguridad, la normalidad comercial y la recuperación económica de la ciudad.
Las cifras ayudan a entender la escala del problema. Ceuta cuenta con 1.951 empresas y autónomos con trabajadores a su cargo, y 3.061 trabajadores por cuenta propia. Son quienes sostienen el tejido productivo de una ciudad que ahora mira hacia adelante con incertidumbre.
Lo que ocurra en las próximas semanas determinará si la recuperación es posible antes de que acabe el verano. Las ayudas públicas, la restauración de la confianza y la resolución de los problemas aduaneros serán las variables a seguir. Sin ellas, el coste real de estos días puede prolongarse mucho más allá de lo que hoy resulta visible.
