El Mundial de fútbol y el eclipse total del 12 de agosto mantuvieron a España suspendida durante semanas en una pausa colectiva. Dos fenómenos capaces de congregar a millones de personas frente a una misma emoción.
Pero septiembre no espera. Al Gobierno le aguarda un otoño cargado de frentes que el verano no ha resuelto: el bloqueo parlamentario persiste, los procedimientos judiciales avanzan, la situación en Ceuta sigue sin respuesta clara y varios plazos europeos se agotan. La tregua ha terminado.
El verano que no pudo borrar los problemas
El éxito del Mundial y el eclipse generaron semanas de emoción compartida. Pero mientras España celebraba, ocurrían dos episodios que enturbiaron cualquier sensación de normalidad: los incendios forestales quemaron miles de hectáreas y Marruecos envió más de 80.000 personas a Ceuta en julio, una señal que muchos analistas interpretan como el inicio de una presión sostenida sobre la ciudad autónoma.
Pedro Sánchez pasó cuatro semanas de vacaciones en el Palacio de la Mareta, en Lanzarote. Nadie discute que llegara agotado al mes de agosto. Pero la imagen del presidente descansando mientras se acumulaban los frentes reforzó la percepción de que la euforia mediática funcionó como paréntesis, no como respuesta a los problemas de fondo. La celebración tapó, no resolvió.
El verano no borra nada. Solo lo aplaza.
Un Parlamento bloqueado y una agenda social paralizada
El Gobierno llega a septiembre sin haber aprobado los Presupuestos ni las leyes centrales de su agenda social. Los socios de coalición han retirado su apoyo en momentos clave, dejando a Sánchez en una posición progresivamente más débil dentro de su propio espacio político.
Lo que el presidente denominó «mayoría social de progreso» ha mostrado su fragilidad en la práctica parlamentaria. Las encuestas reflejan una caída sostenida del PSOE, y ese dato pesa sobre los cientos de alcaldes y los escasos presidentes autonómicos socialistas que deben afrontar las elecciones de mayo. Muchos temen llegar a esa cita con el mismo liderazgo y el mismo bloqueo.
En La Moncloa aseguran que nadie les va a derrotar. En Ferraz insisten en que las elecciones se celebrarán cuando toque. La distancia entre ese discurso y la aritmética parlamentaria, sin embargo, es cada vez más visible.
La presión judicial y el aislamiento internacional
Los procedimientos judiciales que afectan a la familia, el partido y el Gobierno de Sánchez siguen abiertos. Su evolución no tiene, según las fuentes consultadas, buena perspectiva para el Ejecutivo.
Varias decisiones de política exterior se han adoptado al margen del Parlamento, lo que ha deteriorado la imagen del presidente ante los principales líderes europeos. Sánchez ha dejado de ser percibido como un interlocutor fiable dentro de la Unión Europea, y su margen de maniobra en foros internacionales se ha reducido de forma notable. El aislamiento no es solo doméstico.
Ceuta, los fondos europeos y la financiación autonómica: tres plazos urgentes
La llegada masiva de personas a Ceuta en julio no es un episodio aislado. Se interpreta como el inicio de una presión híbrida por parte de Marruecos sobre las ciudades autónomas, mientras el Gobierno mantiene un discurso elogioso hacia Rabat que contrasta con la gravedad de lo ocurrido.
El 31 de agosto vencía el plazo para aprobar reformas que la Unión Europea exige a cambio de continuar transfiriendo los fondos Next Generation. El margen para cumplir esas condiciones es muy estrecho. En septiembre se retoma además la negociación del modelo de financiación autonómica: la propuesta actual, elaborada con el impulso del independentismo catalán y avalada por La Moncloa, no cuenta con el respaldo de ningún gobierno regional. Ni siquiera los de presidencia socialista la apoyan.
Tres plazos urgentes. Ninguno con solución clara.
El otoño catalán y las perspectivas económicas
Con el inicio del curso político, el movimiento secesionista catalán retomará su actividad. La posible vuelta de Carles Puigdemont añade incertidumbre a un escenario que el Gobierno presentó como normalizado, aunque los datos políticos sugieren que esa normalización podría revelarse una quimera.
En el plano económico, el fin de la temporada turística devolverá los datos de empleo a su tendencia habitual. El PIB sigue creciendo de forma robusta, pero las perspectivas de inflación son pesimistas. Un nuevo aumento del coste de la vida amenaza con ampliar la desigualdad justo cuando el Gobierno necesita mostrar resultados sociales tangibles.
Lo que ocurra en los próximos meses determinará si el Ejecutivo tiene capacidad real de gobernar o si, como sugieren algunas voces dentro del propio socialismo, España se enfrenta a una legislatura zombi incapaz de avanzar. El otoño político no tardará en dar una respuesta.
