En Laguardia, entre viñedos con siglos de historia y la presión creciente de un clima que ya no es el de antes, dos instituciones han sellado un acuerdo que aspira a cambiar la forma en que la ciencia llega al viñedo vasco.
La viticultura del País Vasco afronta una encrucijada: preservar la identidad de sus vinos y su arraigo al territorio sin perder competitividad ante los desafíos de la sostenibilidad y el cambio climático. EDA Drinks & Wine Campus y NEIKER han decidido afrontarla juntos.
Un acuerdo nacido entre viñedos y laboratorios
El anuncio se produjo en el marco del ciclo «Gotas de Aprendizaje», una jornada técnica celebrada en Laguardia que reunió a investigadores, bodegueros y profesionales del sector. Allí, Olatz Unamunzaga, directora general de NEIKER, y Joxe Mari Aizega, director general del Basque Culinary Center, firmaron el convenio que convierte oficialmente a NEIKER en centro asociado de EDA Drinks & Wine Campus.
El momento no es casual. La viticultura vasca necesita respuestas concretas ante retos que ya no son hipotéticos: la presión del cambio climático, la demanda de prácticas más sostenibles, la necesidad de innovar sin perder identidad y la urgencia de trasladar ese conocimiento al terreno. Este acuerdo aspira a ser una de esas respuestas.
Tres ejes para conectar ciencia y territorio
La alianza se articula en torno a tres líneas estratégicas. La primera abarca la ciencia aplicada al futuro del vino: adaptación al cambio climático, sostenibilidad en viticultura, nuevas prácticas agronómicas e innovación varietal. La segunda apunta a la transferencia de conocimiento hacia bodegas, viticultores, estudiantes y profesionales de toda la cadena de valor.
El tercer eje mira más lejos: consolidar Euskadi como un hub de innovación en viticultura, vino y gastronomía dentro del ecosistema regional. No se trata solo de generar ciencia, sino de garantizar que llegue a quienes trabajan la tierra cada día.
Como explicó Unamunzaga, «la investigación solo genera un verdadero impacto cuando consigue llegar a las personas y a las empresas que pueden convertir ese conocimiento en soluciones reales». Aizega subrayó, por su parte, que «EDA nace para unir esfuerzos y construir en común».
Las líneas de investigación que llegarán al viñedo
El acuerdo no se queda en lo declarativo. Ambas instituciones trabajarán en proyectos concretos con incidencia directa en el viñedo: biodiversidad, conservación del material vegetal, uso de cubiertas vegetales, fertilización racional, adaptación del riego y mantenimiento sanitario del cultivo.
Roberto Ruiz, director de Impacto Territorial de NEIKER, expuso durante la jornada los avances en ciencia aplicada y destacó el papel de las parcelas demostrativas como puente entre el laboratorio y la práctica agrícola real. Ese modelo de demostración en campo es clave: permite que los viticultores observen resultados en condiciones reales, no solo a través de publicaciones científicas.
La voz del sector: respeto al suelo, identidad y nuevas tecnologías
Los profesionales que participaron en la jornada compartieron una visión coherente, aunque con matices propios. Eva Fernández Jalón, de Bodegas Maisulán, afirmó que «hay que ser muy respetuoso con el medioambiente. Es una forma de diferenciarte». Alberto Martínez, de Bodegas Altún, reconoció que el apoyo de NEIKER «ha sido fundamental» para su bodega.
En la mesa redonda emergieron posiciones igualmente firmes. David Sampedro señaló la necesidad de tener «respeto por el suelo y luchar por el territorio». Carlos Fernández fue más directo: «cuando más respetas el suelo, más identidad tienen los vinos después». Teresa Martínez añadió que hay que «conservar el conocimiento de antes y aprovechar las nuevas tecnologías».
Las voces más jóvenes también estuvieron presentes. Andrea Vuelta resumió su posición con claridad: «creo mucho en Rioja Alavesa, en los jóvenes y en los proyectos nuevos. Con cabeza y trabajo todo sale». Gonzalo Sáenz de Samaniego advirtió que «sin formación no vamos a tener una buena Rioja Alavesa».
Euskadi como referente: ciencia que genera impacto local
La consejera de Alimentación, Amaia Barredo, trazó el horizonte institucional: «queremos una viticultura competitiva, sostenible y capaz de generar oportunidades en nuestros pueblos sin renunciar a su identidad y a su arraigo al territorio». La frase resume con precisión lo que esta alianza intenta construir.
El modelo que proponen EDA y NEIKER no es el de la ciencia encerrada en un laboratorio. Es investigación que viaja hasta el viñedo, que dialoga con el bodeguero y que responde a las preguntas reales del sector.
Lo que viene ahora es la fase más exigente: convertir los acuerdos en resultados visibles. Las parcelas demostrativas, los proyectos conjuntos y la formación continua serán los indicadores a seguir. Si la alianza cumple lo que promete, el País Vasco podría consolidarse como referente europeo en viticultura científica con identidad territorial. Eso, todavía, está por construir.
