Hace décadas que ningún tren pasa por la vieja estación de Puente de Génave. El edificio sigue en pie, rodeado de olivares y montañas, como testigo de una línea ferroviaria que nunca llegó a su destino: la que debía unir Baeza con Utiel quedó abandonada antes de terminarse.
Hoy, ese fracaso inacabado recibe cada año a miles de ciclistas y senderistas. No es un caso aislado: en toda España, más de 3.600 kilómetros de antiguas vías en desuso han sido transformados en rutas para el viajero lento, en una reconversión silenciosa que lleva tres décadas ganando terreno.
Un ferrocarril que nunca llegó a su destino
La línea Baeza-Utiel tenía un objetivo concreto: conectar Jaén con el Levante español. No lo logró. El proyecto fue abandonado antes de su conclusión en el último tercio del siglo XX, dejando kilómetros de infraestructura construida sin un solo tren que la utilizara.
Lo que sí quedó fue un legado físico de cierta envergadura: viaductos de hormigón, túneles excavados en la roca, terraplenes y estaciones con andenes intactos. Todo eso permaneció sin función aparente durante décadas, expuesto al paso del tiempo entre olivares y sierras.
El cambio llegó en 1993, cuando la Fundación de los Ferrocarriles Españoles puso en marcha el programa Vías Verdes. Desde entonces ha impulsado una reconversión que transforma infraestructura abandonada en rutas para ciclistas y senderistas. La vía verde de la Sierra de Segura, promovida por la Diputación de Jaén y desarrollada por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en 2015, se integró en ese programa.
Cincuenta kilómetros entre ocho espacios naturales protegidos
La ruta arranca junto al kilómetro 217 de la carretera N-322, a dos kilómetros de Arroyo del Ojanco, en Jaén, y se extiende durante aproximadamente 50 kilómetros hasta el límite provincial con Albacete. El paisaje varía con frecuencia: olivares interminables, cañones fluviales del Segura y del Mundo, pinares y las estribaciones orientales de Sierra Morena.
La concentración de naturaleza protegida en el entorno es notable. En un radio inferior a cinco kilómetros se localizan ocho espacios naturales, entre ellos el parque natural y reserva de la biosfera de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, varios Lugares de Importancia Comunitaria y una Zona de Especial Protección para las Aves integrada en la Red Natura 2000.
El recorrido cuenta también con infraestructura de apoyo: paneles informativos, áreas de descanso con mesas y bancos, aparcabicis y accesos señalizados a las antiguas estaciones. Todo ello la hace accesible incluso para quienes no tienen experiencia previa en cicloturismo.
Las obras del ferrocarril, ahora al servicio del viajero lento
El primer kilómetro ya ofrece un elemento destacado: el viaducto del río Guadalimar, con 175 metros de longitud y cinco arcos de hormigón. La vista sobre el bosque galería del río justifica la parada. El Guadalimar marca además el punto más bajo de toda la ruta.
Más adelante aparece el túnel de Génave: 277 metros de galería recta en perfectas condiciones, pero sin iluminación. Se recomienda llevar linterna o luces en la bicicleta. Es el tramo más largo bajo tierra de todo el recorrido.
Entre un punto y otro, la ingeniería ferroviaria original sigue cumpliendo su función. Terraplenes sobre vaguadas, trincheras para salvar elevaciones y falsos túneles donde las paredes de tierra eran demasiado inestables permiten avanzar con pendientes suaves, lo que hace que la ruta resulte apta para ciclistas de distintos niveles.
Existe, no obstante, un desvío inevitable. Durante un kilómetro y medio, el trazado original ha sido ocupado por el acceso a una planta de biogás. La alternativa es un camino paralelo con algunas rampas, antes de volver a la plataforma ferroviaria original.
Pueblos con historia a lo largo del camino
La ruta no discurre únicamente entre naturaleza. Los municipios que la flanquean acumulan siglos de historia: Segura de la Sierra, miembro del club de los Pueblos Más Bonitos de España, ofrece castillo, muralla medieval, baños árabes y la casa natal del poeta Jorge Manrique. Puente de Génave conserva restos de un antiguo puente romano sobre el Guadalimar, y Villarrodrigo alberga un centro de interpretación histórica instalado en la torre de su castillo.
La ruta lleva además el apodo de Vía Verde del Renacimiento. El motivo es su coincidencia con el camino que recorrió Andrés de Vandelvira, arquitecto nacido en Alcaraz, hacia la provincia de Jaén, donde dejó obras en Úbeda, Baeza y la catedral de Jaén.
Más allá de Segura: la red que sigue creciendo
La vía verde de Segura no termina en un punto muerto. Al cruzar el límite provincial conecta con la vía verde de la Sierra de Alcaraz, en Albacete. Aun así, quedan 16 kilómetros sin recuperar entre la estación de Reolid y la villa de Alcaraz, un tramo pendiente que recuerda que la red está en construcción permanente.
El conjunto nacional suma ya más de 3.600 kilómetros de antiguas líneas reconvertidas, resultado de una política territorial sostenida durante más de tres décadas que combina recuperación de infraestructura, conservación ecológica y dinamización del turismo rural en zonas con escasa densidad de población.
Quedan en España muchas otras líneas inacabadas o en desuso. El modelo plantea una pregunta directa: ¿cuántas de ellas podrían seguir el mismo camino? La respuesta dependerá de voluntad política, financiación y tiempo. El precedente ya existe, y lleva tres décadas demostrando que funciona.
