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Vendimia de madrugada y viñedos al límite: el calor extremo reescribe las reglas de la viticultura española

by Dirección
25 de agosto de 2026
in Actualidad
Vendimiadores con linternas frontales recolectan uvas oscuras al amanecer en un viñedo español reseco por la sequía

Trabajadores recogen la uva de madrugada para preservar su calidad ante las altas temperaturas. El calor extremo obliga a la viticultura española a reinventar sus métodos de vendimia.

En el Penedès, las cuadrillas llevan semanas saliendo al viñedo a las cinco de la madrugada. No es una tradición: es una respuesta al calor. Bodegas con más de un siglo de historia, como Juvé & Camps o Raimat, están registrando la vendimia más temprana de su trayectoria.

La paradoja es llamativa. Los viñedos presentan una salud excelente y en varias denominaciones de origen se espera una cosecha mejor que la de 2025. Ese optimismo, sin embargo, convive con presiones acumuladas durante años que este verano han alcanzado una intensidad sin precedentes: temperaturas récord, escasez de mano de obra y precios que, en algunas zonas, llevan seis campañas sin cubrir los costes de producción.

Una vendimia histórica, pero no por las razones esperadas

El calor extremo ha comprimido el ciclo completo de la vid en 2026. La brotación llegó antes, el envero avanzó antes y la recolección ha comenzado antes. Juvé & Camps, en el Penedès, arrancó la campaña a finales de julio, la más temprana de su historia. Raimat, del grupo Codorníu, inició su vendimia número 108 ese mismo mes, también con récord de precocidad.

La respuesta práctica ha sido salir al viñedo de madrugada. En Raimat, los equipos trabajan entre las cinco de la mañana y el mediodía. No hay romanticismo en ello: recoger en horas frescas evita que la uva pierda peso por el calor y ayuda a preservar la acidez natural de la fruta.

Joan Esteve, director de Raimat, describe una uva «equilibrada y con buena acidez» este año. Pep Jiménez, director de viticultura de Juvé & Camps, señala perspectivas «especialmente favorables» tras el fin de la sequía en Cataluña. El viñedo está sano. El problema no es la uva, sino todo lo que la rodea.

El calor cambia la uva desde dentro

Cuando las temperaturas son extremas, la uva pierde agua y, con ella, peso. Menos peso significa menos hectolitros producidos. José Luis Benítez, director general de la Federación Española del Vino, explicó este mecanismo a Efe como una de las consecuencias directas del calor sostenido sobre la producción.

En Castilla-La Mancha, el mayor territorio vitivinícola del mundo en superficie, la producción cayó un 20% respecto a las estimaciones en el verano de 2025. Gramona, elaborador con seis generaciones de historia en Sant Sadurní d’Anoia, prevé exactamente la misma pérdida porcentual para 2026.

En La Rioja, los análisis apuntan a mayor grado alcohólico y menor acidez. Los métodos enológicos actuales pueden compensar estas variables, al menos parcialmente, pero esa compensación técnica tiene un coste que se suma a una ecuación económica ya deteriorada. El incendio que en julio calcinó más de 55.000 hectáreas en Ávila, Madrid y Toledo dejó además una herida especialmente profunda en la DO Cebreros: el fuego destruyó el 40% de la superficie vitícola protegida de esa denominación. No hay enología que repare eso.

Sin manos para recoger la uva

El adelanto de la vendimia ha chocado con un calendario agrícola y turístico que no ha cambiado. Las cuadrillas que en años anteriores llegaban al viñedo en septiembre estaban en agosto recogiendo fruta en otras zonas o trabajando en la hostelería costera, donde la temporada alta aún no había terminado.

El colectivo VitiVinum, que agrupa a bodegueros y viticultores de la DO Montilla-Moriles, alertó en un comunicado de que la burocracia impide contratar legalmente a trabajadores extranjeros en situación irregular que ya viven en la comarca y podrían incorporarse de inmediato. La uva, recuerdan, «no puede esperar» a los ritmos administrativos.

En la Rioja Alavesa, los viticultores optaron por pagar un 12% por encima del convenio para atraer cuadrillas. Aun así, la campaña comenzó dos semanas antes de lo habitual, según Juanjo García Berrueco, presidente de Uaga en la comarca. La mecanización ayuda, pero no resuelve todo: Manuel Alférez, de COAG Andalucía, señala que la recogida en espaldera exige habilidad humana para localizar correctamente los racimos y evitar daños en la planta. Esa destreza no se automatiza fácilmente.

Precios que no cubren costes y un relevo generacional en riesgo

En La Rioja, la Asociación Riojana de Agricultores y Ganaderos (Arag-Asaja) afirma que el precio de la uva no cubre los costes de producción desde hace seis campañas. El resultado es visible: abandono de viñedos y salida de profesionales, especialmente jóvenes.

El dato de OIVE es elocuente. El sector necesita incorporar al menos 22.600 jóvenes en los próximos años para sustituir a profesionales de 65 o más años. Sin ese relevo, la superficie cultivada seguirá reduciéndose.

Unión de Uniones y Asaja en Castilla y León exigen que se aplique de forma efectiva la Ley de la Cadena Alimentaria, que en teoría prohíbe la venta por debajo de costes. Desde Galicia, Unións Agrarias prevé una cosecha récord de más de 80 millones de kilos, aunque advierte de que los precios en Rías Baixas podrían bajar igualmente.

Más allá del vino: lo que está en juego en los pueblos

El sector vitivinícola español genera el equivalente a 386.000 empleos a jornada completa y aporta 22.350 millones de euros a la economía, según OIVE. Son cifras que sitúan a la viticultura entre los pilares del sistema agroalimentario del país.

Su dimensión más difícil de cuantificar es la territorial. La actividad se concentra en zonas rurales donde pocas industrias pueden sustituirla. Cuando un viticultor abandona, no solo desaparece una explotación: se debilita toda la estructura económica y social del municipio.

Este verano, el viñedo ofreció además una función inesperadamente visible. Fernando Ezquerro, presidente de OIVE, señaló que el cultivo actuó como cortafuegos natural en varios incendios, frenando el avance de las llamas en zonas donde la vegetación silvestre habría ardido sin freno.

«Allí donde hay viñedo hay vida y oportunidades», afirmó Ezquerro. Lo que viene ahora es la prueba de si la sociedad y las administraciones están dispuestas a respaldar esa premisa con medidas concretas: precios justos, acceso real a mano de obra y políticas que hagan atractivo el relevo generacional. Sin esas respuestas, el termómetro seguirá subiendo y los viñedos seguirán quedándose solos.

Tags: agriculturacalor extremoEspañaPenedèsvendimiavinoviticultura
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