El vino español siempre se ha presentado como un sector sostenible por naturaleza. Pero hasta ahora, esa convicción se apoyaba más en tradición que en cifras.
Por primera vez, el sector dispone de una herramienta diseñada para cambiar eso. La Federación Española del Vino y Cajamar acaban de presentar el primer Barómetro de Sostenibilidad Vitivinícola: un sistema de 118 indicadores verificados que evalúa a 84 bodegas certificadas con una facturación conjunta equivalente al 29% del negocio total del sector en España.
Un instrumento inédito para un sector bajo presión
La Federación Española del Vino (FEV) y Cajamar han construido algo que el sector vitivinícola nunca había tenido: una radiografía rigurosa, comparable y verificable de su propio desempeño en materia de sostenibilidad. El Barómetro analiza cuatro dimensiones —económica, social, ambiental y de gobernanza— con 118 indicadores verificados. Las 84 bodegas de la muestra suman una facturación agregada de 2.477 millones de euros, el 29% del negocio total del sector en España.
El objetivo no es únicamente describir el presente. La herramienta está concebida para repetirse en el tiempo y permitir un seguimiento objetivo a medida que el sector avanza, lo que la convierte en algo más que un informe puntual. Es una base de referencia para comunicar con transparencia ante mercados, reguladores, inversores y consumidores.
Gobernanza y economía: donde el sector muestra mayor madurez
Los dos pilares con mejor resultado son gobernanza, con un 84% de cumplimiento, y economía, con un 82%. En gobernanza, el estudio identifica estructuras consolidadas de gestión responsable, transparencia y control interno. No se trata de prácticas aisladas: es un modelo organizativo que ya forma parte del funcionamiento habitual de las bodegas evaluadas.
En la dimensión económica, el dato más llamativo es que el 100% de las bodegas participa en iniciativas de innovación sostenible y redes sectoriales. La sostenibilidad no aparece aquí como una exigencia externa, sino como una palanca estratégica integrada en la toma de decisiones. Eduardo Baamonde, presidente de Cajamar, lo resumió con claridad: el barómetro es «un instrumento de diagnóstico y de gestión, construido sobre más de cien indicadores verificados, pensado para que el sector conozca dónde está y pueda trazar con claridad el camino hacia donde debe ir».
El vino como ancla territorial: empleo, cultura y biodiversidad
La dimensión social alcanza un 76% de cumplimiento. El 80% de las bodegas genera o mantiene empleo, el 95% trabaja activamente en la preservación de la cultura vitivinícola local, y más del 80% desarrolla medidas de protección del suelo y la biodiversidad.
Esos datos confirman algo que el sector intuía pero no podía demostrar con cifras: el vino funciona también como agente de cohesión territorial. Fija población, conserva el paisaje y transfiere conocimiento entre generaciones. Con todo, el barómetro identifica áreas de mejora claras. Los indicadores más exigentes —igualdad de género y certificaciones laborales— muestran margen de avance, y reconocer esas brechas es precisamente lo que otorga utilidad real a la herramienta.
Huella de carbono, agua y residuos: el frente ambiental en cifras
El pilar ambiental es el más rezagado, con un 69% de cumplimiento. Aun así, los datos concretos merecen atención. El 100% de las bodegas mide su huella de carbono y cuenta con planes de reducción; el 88% ya ha conseguido disminuir sus emisiones de forma verificable. En gestión del agua, el 81% ha logrado reducciones reales respecto a su año base.
En energía, el 79% ha reducido su consumo y el uso de renovables cubre la totalidad de los objetivos fijados, mediante autogeneración o contratación de energía verde. La economía circular avanza con solidez: el 98% de las instalaciones cuenta con planes de reducción de residuos y el 73% supera ya una tasa de valorización del 90%. Son cifras que sitúan a este grupo de bodegas en una posición avanzada dentro del sector agroalimentario español.
De fotografía sectorial a referencia para toda la industria
El barómetro no surgió de la nada. En 2025, la FEV y Cajamar impulsaron la digitalización del certificado SWfCP para facilitar el seguimiento continuo y la elaboración de informes agregados. Esa infraestructura digital es la que ahora permite construir una imagen sectorial con datos reales.
Ignacio Atance, director del Servicio de Estudios de Fundación Cajamar, fue directo: «medir bien es el primer paso para mejorar». El sector afronta presiones simultáneas —climáticas, regulatorias y de mercado— que exigen respuestas basadas en evidencia, no en percepciones. La vocación del informe es convertirse en referencia no solo para el vino, sino para otros sectores agroalimentarios. José Luis Benítez, director general de la FEV, lo expresó sin rodeos: tras diez años de certificación, el sector puede ahora «asegurarlo y decirlo bien alto con datos contrastados». Lo que antes era convicción, hoy tiene número.
