Las depuradoras de la Región de Murcia cerraron 2025 con su mejor registro histórico de eficiencia energética: un consumo de 0,38 kilovatios-hora por metro cúbico tratado. El dato no pasó desapercibido en Europa.
El motivo es la distancia que separa ese número del coste de obtener agua por otras vías. Depurar agua residual consume ahora un 88% menos de energía que desalarla del mar, una brecha que sitúa a Murcia en una posición singular dentro del continente y que ha llevado al modelo regional hasta las mesas de trabajo de un proyecto europeo.
Un récord histórico que cambia la conversación sobre el agua
Las estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR) de Murcia alcanzaron en 2025 su mínimo histórico de consumo energético: 0,38 kWh por metro cúbico tratado. No es un dato aislado. Desde 2008, el sistema ha reducido su consumo total anual un 40%, fruto de una modernización sostenida que abarca nuevas instalaciones, equipos renovados y procesos progresivamente optimizados a lo largo de casi dos décadas.
La cifra cobra toda su dimensión cuando se compara con la alternativa más extendida en zonas con escasez hídrica: la desalación. Depurar agua residual cuesta ahora un 88% menos de energía que desalar el mar. Esa brecha convierte a Murcia en un caso de estudio que ya ha llegado a las mesas de trabajo europeas.
Qué significa 360 gigavatios-hora en términos reales
Las depuradoras murcianas ponen a disposición de las comunidades de regantes cerca de 121 hectómetros cúbicos de agua regenerada al año. Obtener ese mismo volumen mediante desalación requeriría consumir unos 360 GWh adicionales cada año. Para entender esa magnitud, basta una comparación doméstica: equivale al consumo eléctrico anual de aproximadamente 100.000 hogares.
Evitarlo también significa no emitir más de 50.000 toneladas de CO₂ al año. El director general del Agua, José Sandoval, lo resumió durante la reunión europea celebrada en Dinamarca: «El agua más descarbonizada no es la que se fabrica, es la que ya está tratada o la que ya existe en el conjunto del país.» La frase condensa la lógica de fondo: reutilizar es, antes que nada, una decisión energética.
Biogás y fotovoltaica: la doble palanca del autoconsumo
Detrás del récord hay una estrategia concreta de generación propia. Cinco grandes instalaciones —Murcia, Cartagena, Lorca, Molina de Segura y Alcantarilla— producen más de 10 millones de kWh al año a partir del biogás obtenido en la digestión de fangos, una cantidad equivalente al consumo eléctrico anual de una localidad del tamaño de Alguazas, con más de 9.000 habitantes.
A eso se suma la energía solar. Once depuradoras de la red de Esamur ya cuentan con paneles fotovoltaicos para autoconsumo, y la entidad sigue extendiendo las infraestructuras de biogás al resto de su red. El resultado es un sistema que reduce, progresivamente, su dependencia de la red eléctrica general.
El 98% de reutilización: una frontera que Europa aún no ha cruzado
Si el dato energético es llamativo, el de aprovechamiento lo es aún más. Murcia reutiliza el 98% del agua que depura. La media nacional española ronda el 10%. La europea se mueve entre el 3% y el 5%.
Sandoval reconoció durante su intervención que la región «ha aprovechado ya prácticamente todo el margen que ofrece la reutilización», un nivel alcanzado antes que en cualquier otro territorio del continente. Eso convierte a Murcia no solo en un ejemplo a seguir, sino en un techo de referencia: el punto hasta el que, en teoría, puede llegar una política hídrica bien ejecutada. La distancia con el resto de Europa no refleja una diferencia de recursos. Refleja decisiones acumuladas durante décadas.
Sustaqua: cuando un modelo regional se convierte en política europea
Murcia no solo ha logrado resultados. También los está exportando como metodología. La región lidera Sustaqua, un proyecto europeo con seis países participantes cuya primera reunión de coordinación tuvo lugar recientemente en la localidad danesa de Lemvig.
El informe inicial, elaborado con la colaboración técnica de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), compara la intensidad energética del ciclo urbano del agua en todas las regiones socias. La evaluación abarca cada etapa —desde la captación del recurso hasta su entrega al usuario— bajo condiciones metodológicas equiparables.
El objetivo de Sustaqua es traducir esos datos en políticas públicas concretas, no divulgar buenas prácticas. Se trata de construir marcos regulatorios que incentiven la eficiencia en cada fase del ciclo. Si el proyecto avanza según lo previsto, el modelo murciano podría influir directamente en cómo varios países europeos diseñan su gestión hídrica durante los próximos años. Eso es lo que conviene seguir de cerca.
